Epidemia Runner, asalto final

Damos carpetazo a nuestro acercamiento pseudocientífico a eso que algunos lumbreras con ansias de titulitis han acabado por denominar Epidemia Runner. Tras situar el problema en el mapa de la OMS y ofrecer algunos consejos prácticos para prevenirlo, finalizamos la serie facilitando algunas medidas  para lidiar con la enfermedad en sus casos más extremos.  ¿Convivir con ello o actuar rápidamente para no acabar contagiado?  Difícil elección, lo sabemos.

Artículo publicado en La Bolsa del Corredor.

Problemas extremos, soluciones extremas

– En cualquier peli de zombies que se precie de serlo siempre hay la típica escena en que uno de los vivos acaba sucumbiendo en las redes de los infectados por puro sentimentalismo. Es atacado por alguien cercano que cayó minutos antes en el mundo de los no muertos por negarse a aceptar que eso ya no es su compañero de fatigas sino un ente con una capacidad de destrucción del nivel de cualquier ministro de economía de la zona euro. Uno, que ha aprendido más de la vida visitando el Festival de Cine Fantástico de Sitges que leyendo al consejos vendo que, para mi no tengo de las guías de autoayuda, es consciente que cuando alguien es absorbido por el mal del running deja completamente de ser persona, al menos una con la coherencia y equilibrio mental para saber diferenciar entre lo que está bien decir, el ya-me-estoy-volviendo-pesado y el soy-capaz-de-notar-el- peso- de-sus-ojos-inyectados-en-odio,-así-que-debería-parar.

– Emplea la técnica que se usa frecuentemente cuando se está en la edad del pavo: hazle rabiar. “Josef Ajram es puro marketing”, “La Domínguez, menuda dopada”, “Correr es de cobardes”, “Esa carrera la disputó mi vecino del sexto (sí, el gordinflas del que te reías tanto) e hizo mejor tiempo”, “Está bien que hayas aceptado que lo del fútbol no era lo tuyo”…  Se ha demostrado que en el 10% de los casos acaban tan desanimados que dejan de padecer el síndrome de la runnitis. El problema es que al 90% restante  les motiva los reproches, y la gravedad de su enfermedad aumenta pasando del estado runner tipicus a brasarunner (o sea, extrema peligrosidad).

– Busca una cosa que sea peor para él/ella que no dejarle correr… 3, 2, 1… Exacto: no dejarle correrse. Si el susodicho hace las veces de partenaire, follamig@ o amante siempre se le puede chantajear con la ausencia de sexo. Sé que es una medida radical y contraproducente para tus instintos lascivos, pero piensa que no vas a disfrutar de ello si la alternativa al cigarrillo pos coital es que te acabe contando su imparable ascenso en el ranking de lo runners de su barrio en el lecho del pecado.  Si esto no funciona, ahora sí que sí, dalo directamente por perdido/a.

– Por si no lo sabías, la orden de alejamiento sigue siendo una medida eficaz que cada vez es más usada en estos casos. En términos jurídicos se le suele denominar divorcio o ruptura familiar(también dar en adopción). Aun así, no está de más bloquear cuentas de mail, redes sociales y números de teléfono. Hay que evitar cualquier atisbo de vida social con este tipo de espécimen.

– Para ayudar a las familias que no ven la luz al final de túnel se ha creado una extensa red de centros de desintoxicación bautizados como discotecas.  Aunque actualmente se discute su efectividad (los torsos desnudos de los chicos Bora Bora han demostrado que es un compatible la actividad física con la química), siempre hay que recordar que en la época de la ruta del bakalao fue de lo más efectiva y ahora tiene una gran aceptación en el mundillo de los festivales musicales. ¿Qué  te da cosa porque por ahí pululan sustancias de muy dudosa legalidad? ¡Ay, que estás hablando del país conocido mundialmente por ser carnaza de los guiñoles!

– Y para finalizar, un caso extremo y preocupante: cuando desaparecen de casa durante horas, días e incluso semanas. Lo peor que puedes hacer es lanzarte en su búsqueda (oye, que a lo mejor ni vuelven, así que esconde el cuchillo y desconvoca al sicario). Si aun así sucumbes en el sentimentalismo fácil de lo que tuvimos (y eso que te hemos avisado de sus consecuencias en el primer punto) le/la encontrarás seguramente en los guetos más sórdidos. Esta gente suele acabar reunida siempre en  una pista de atletismo metiéndose  unas series en vena (palabras como 5×2008×500 no son otra cosa que las dosis que se chutan), en un sendero de montaña aspirando aire puro y sin cortar, o en cualquier tienda traficando con ropa, geles o papelinas de promotoras de carreras especializadas. Ni se te ocurra ir en su busca con el monedero a cuestas: volverás de vacío (el de tu monedero), con un completo arsenal de suplementos deportivos para casa y con tu objetivo probando el nuevo material que tú le has financiado con sus amiguetes.

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