Segundas y catastróficas carreras

Maratón Final (vía http://www.theatlanticwire.com)

Tan importante como las primeras veces son las segundas. Y eso puede ser porque te corre prisa reparar el desaguisado (en otros ámbitos ir más rápido no es algo que tenga buena prensa) o porque intentas desesperadamente rememorar en lo posible los recuerdos de una sabrosa experiencia. Las primeras tentativas importan porque espantan los temores y te abren el camino a creer que eso que intuías que eras capaz de hacer es perfectamente factible; las segundas también porque algunos solemos transformar esa ambición en locura máxima intentando tocar con los dedos el techo de lo imposible.

Ya sea porque nuestro debut en las pruebas populares se saldó con un horror de carrera (que luego rápidamente marginamos dando publicidad sólo a los aspectos positivos) y ahora pretendemos borrar ese lánguido mal sabor de boca, o porque corrimos con tanta cautela que llegamos a cruzar la meta bailando en la punta de la lengua un “pues tampoco era para tanto”, lo más normal es que a partir de de ese momento queramos volver a repetir la experiencia para llegar o más lejos o más rápido.

Y entonces llegas a ese punto en que pretendes batallar por objetivos más ambiciosos sin tener en cuenta que ese deseo nace de un hambre descomunal que exige un mayor esfuerzo para satisfacerlo. Si antes sólo teníamos la misión de acallar los rugidos estomacales del orgullo, ahora hay que sumarle la insaciable gula de nuestro ego. Y eso ya te digo que es una empresa parecida a la de saciar intelectualmente a Paquirrín o devolver un poco de autoestima al cabello de Jon Bon Jovi. Sí, una misión muy jodida.

Así que lo más normal es que nos de por pasar por alto todas las advertencias que han aparecido en nuestro debut como corredor popular (o nuestra primera vez en cualquier distancia, disciplina o terreno que no tengamos por mano) y nos la estampemos. Llegar más lejos y más rápido sin saber a dónde y cuando puede acarrar que lo que parece un paseo triunfal se torne en una pesadilla. Segundas partes nunca fueron buenas, dicen. “Peeeeeero…” me soltareís alguno. Vale, ya podéis venir a darme la tabarra con la cantinela de el “Padrino II” aunque preferiría que me rebatieseis con Aliens, el regreso. Cuestión de gustos.

Claro que verlo desde la perspectiva que dan mil tropiezos hace fácil la práctica del análisis y la venta de antídotos para evitar el fracaso en la revalida, y sé que dar la cháchara es como decirle a una adolescente que ese pelambreras no va a ser el amor de su vida, le va a resbalar por donde yo me se. Pero es que además se me olvida algo fundamental… habérsela pegado mola mucho con el tiempo. Pero aún así no me resisto a hacer de abuelo cebolleta con algunas recomendaciones de cuestionable fiabilidad.

– Al apenas tener referencias no sabemos hasta donde podemos llegar aunque sí intuirlo: mucho más lejos de lo que creías en tu primer trote y, por ahora, algo menos de lo que soñabas antes de calzarte las bambas. Tenlo siempre en cuenta.

– Más que tomar ejemplo de todo lo que hiciste bien en la primera carrera analiza que es lo que hiciste mal y como lo puedes solucionar. El gran salto de calidad está ahí. Lo demás es la perfección del estilo.

– Comenzaste el juego, te has memorizado los controles del mando y has pasado la fase, para eso sirven los debut. Ahora toca algo tan trascendental como saber elegir el grado de dificultad. Un paso seguro es subir simplemente un escalón, pero, claro, eso no entra en nuestros planes ahora que nos creemos que podemos dominar el mundo con la mano de hierro de Kim Jong Un. Es más probable que se nos antoje el asalto al edificio entero simplemente porque ese día en la línea de salida nos encontramos en un estado de excitación similar al de entrar a un buffet libre. así que objetivos realistas y asumibles antes de empezar y… que los km pongan a cada uno en su sitio. Quien sabe, muchas veces irás a mejor sin quererlo (a mi eso me pasó en la tercera, siempre he sido un poco retrasadito en todo…).

– Haber salido a tope y luego palmar en el segundo tres de carrera es el pan nuestro de cada día cuando aún no hemos recibido las suficiente hostias deportivas. Craso error! Para saber que ritmo debes llevar en carrera el mejor baremo, sin duda, te lo ofrece el entrenamiento. Ahora, hay que saber interpretarlo. Bien: fiarse de un ritmo exigente pero cómodo durante un buen puñado de kilómetros (algo más de la mitad de la carrera a la que quieres acudir, esa sensación de “pues podría hacer unos cuantos kilómetros más sin bajar el ritmo”). Mal: Confiar en tu mejor serie corta y pensar que sólo hay que multiplicar el resultado por el número de kilómetros a recorrer.

– Como intentamos ir más rápido que antes tendemos a recortar allá donde realmente lo vamos a lamentar (extrapolarlo a un nivel político y… sí, es la definición perfecta de gobernar en la incompetencia). Saltarte los avituallamientos, intentar mantener el ritmo igual de vivo en las subidas que en el llano, ponerse a hacer zig zag como un auto de choques en el momento que se arremolinan varios corredores, o saltarse el camino establecido sólo va a conseguir que lo pagues tanto física como mentalmente en el último tercio de carrera (si no antes).

– Tomar ejemplo de otros está muy bien… pero sólo cuando sabes que puedes aprender de alguien. Por eso es necesario evitar obcecarse en seguir el ritmo del resto de corredores. Y es que con el paso del tiempo comprobarás que la fachada no siempre determina las características de los corredores. En el atletismo popular se premia el trabajo y no la figura, es probable que quien tu creías que no tenía un ritmo digno te pase la mano por la cara. Concéntrate siempre en tu carrera.

Y sí, tal como estáis pensando yo fracasé estrepitosamente en mi segundo intento. Pero no hay mejor terapia que hacer extensible ese trauma como si fuera una epidemia de la que nadie se escapa.

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4 Respuestas a “Segundas y catastróficas carreras

  1. Sempre penso que no faré ziga-zagues però a l’hora de la veritat, quan et col·loques a la part proporcional a la teva marca i quan després de 500 m et trobes en un carrer poc ample amb la colla de tres amiguets que van de la maneta, a un ritme lent… no ho poc resistir. I després un altre grupet (que tene espai lliure davant de la gent que els ha deixat enrere). I quan no ho fas, baixes el ritme i el del darrere et fot una empenta que t’envia contra el del tap i a sobre et mira amb mala llet.

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    • Bona tarda Jordi,

      Es que els primers km d’una gran cursa son una cosa semblant al circuit americà que surt a les pelis militars, més que córrer estàs superant obstacles. Jo també, encara, sóc dels que cau en fer la ziga-zaga…

      Salut.

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  2. La primera es la mejor, la que menos estrés genera. Cualquier cosa que hagas será marca, tendrás un buen recuerdo para siempre. La segunda es la jodida en la que te crees que es muy fácil y te excedes.

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