Hay una norma no escrita que a mí nunca me falla: si te encuentras a los sospechosos habituales (cito algunos: vigias, polinyeros, koalas, californias…) coincidiendo en la misma carrera es que allí seguro que dan tan bien de comer a las piernas (recorrido chulo sazonado con un punto de dureza) como al estómago (festín gastronómico al cruzar la meta).
Hace poco, en una conversación tuitera con unos colegas (el nuevo debate de barra de bar) se llegó a la conclusión que las carreras populares se separan entre las que buscan corredores y las que buscan un target. Yo ahora añadiría una más: las carreras en las que se buscan amigos. Y en esa definición entran muchas de pequeñas y humildes en las que casi siempre el mismo pueblo que las acoge las acaba haciendo propias: Cinc Cims, Neorural, Polinyà… y esta Cursa de la Campana bien valen esa definición.









