Que una carrera pequeña, modesta y de barrio sea capaz de cubrir las 1.000 plazas disponibles antes de que finalice el plazo de inscripción tiene su mérito, que además lo haga en un fin de semana repleto de carreras de asfalto que se van comiendo las unas a las otras quiere decir que algo se está haciendo bien en la Cursa Nick Horta. Y yo no tengo duda de lo que es: un buen trabajo a la hora de planificarla, un concepto solidario que es realmente diáfano y supone uno de los motivos para llevarla adelante y, para qué lo vamos a negar, un circuito que es una divertidísima montaña rusa para aquellos que sean capaz de sacrificar el crono por las sensaciones y que encima te da la posibilidad de disfrutar de las zonas más recónditas y bonitas del barrio de Horta.
Os paso a detallar el circuito (que ya os digo que tiene mucha miga, maldecirás varias de sus rampas, volarás en la bajada final), la estrategia de carrera, servicios… Vamos, lo de siempre.









