
Lo pienso fríamente… y así, en frío, no le encuentro el sentido. Me paso el día glorificando la agonía, el sufrimiento, la repetición del esquema que es un maratón. Reclamo su merecido Oscar a un guion más anodino, más mal escrito y más estúpidamente melodramático que un telefilme de los que emiten en la sobremesa del domingo (me declaro culpable). Doy validez a una leyenda que cualquier historiador medio pondría en cuarentena (por suerte, ya los hay).








