A pesar de los esfuerzos de los científicos por escudriñar cualquier tipo de información vital que de un sentido al sinsentido de la vida estos nunca se han visto capaces de identificar todos los genes que habitan en el cuerpo humano. Aún está por descubrir donde reside el de la estupidez humana, el que genera el zorreo bochornoso cuando suena la primera nota de reaggeton, el que convierte a personas inteligentes en especímenes que repiten como un mantra las sempiternas frases de los que son de su cuerda política, o aquel que provoca una tartamudez desesperante cada vez que nos queremos dirigir al chico o chica que nos gusta, enamora o apetece llevarse al catre (apunte: pueden ser las tres combinadas).
