Sitges tiene una Mitja con casi tanta historia como su mítico, maravilloso y terrorífico festival de cine. Y cosas del destino, los que nos quedamos con un sabor agridulce tras la suspensión de la divertidísima cabalgata zombie que se celebra entre borbotones de sangre, gritos espeluznantes y carcajadas nos hemos podido reconfortar con una carrera que también aporta su particular paseo fúnebre a partir de 3/4 de carrera. Algunos (y yo soy el primero) nos arrastramos como si fuésemos a capturar cerebros en estado de putrefacción, pero no, sólo perseguimos una linea de meta y alguna naranja que nos devuelva de la palidez más profunda a la que hemos sido sometidos.
