Se cumplen diez ediciones de una Marató del Mediterrani que hace dos que dejó de serlo en su versión original pero que creo que es de justicia reivindicar su importancia histórica: la de hacer de puente entre la versión clásica de la Marató de Barcelona que murió víctima de sus desencuentros y la moderna que comienza a ser el referente que se merece la ciudad. Así que, por si os interesa mi opinión, a mí no me importa que se siga denominado Marató, es como el Cros de Sants, un término que tiene un contenido semántico donde vence el carisma a lo pragmático). Una prueba que mantiene el nivel y que sigue siendo un buen test de evaluación ahora que comenzamos a pillar ese tono de forma que tanto ansiamos.
