Momentos críticos de carrera: Feria del corredor

Feria del Corredor, el dorsal del futuro.

Fe-ria-del-co-rre-dor (esto ya es de pro). Tras este rimbombante nombre se esconde en muchos casos un engaño del nivel “Unibersitaria caliente y biziosa qiere matar el tienpo y pajarse la carrera damdo te plase. Conpleto, 50 euros”. Vamos, supercreíble. En el 99% de los casos te vas a dar de bruces como mucho con un stand de la marca deportiva que lo patrocina (algunas casi son dueñas de la propia prueba; por supuesto, la competencia no suele ser bienvenida) y los cuatro tenderetes que nunca faltan y que no se les puede considerar amenaza (algo de fisio, algo alimentación deportiva, alguna entidad solidaria…). El resto del megalómano recinto donde se suelen hospedar es un páramo lleno de gente haciendo la fila india. Porque eso sí, si hay algo que destacar es que te vas a comer colas kilométricas como si fueras a hacerte con el último cachivache con una manzana pegada, los lavabos de cualquier antro donde inconscientemente has aterrizado a las cuatro de la mañana o, desgraciadamente para los tiempos que vivimos, fichar en el paro.

Publicado en La Bolsa del Corredor.

Son muy reducidos los casos en el que una Feria de Corredor lo es con todas sus letras. Y esto significa algo parecido a una convención de cómics pero en versión runner: decenas de stands con diferente temáticas: organizadores de carreras (nuestra flamante y orgullosa nueva burbuja), marcas deportivas, centros de salud, turismo, patrocinadores y algunos medios de comunicación acreditados muy puestos en el tema y otros no tanto (ojo a las preguntitas “¿y tú porque corres?”, del nivel “¿qué se siente después del parricidio cometido y haber sido brutalmente violado por un ejercito de orcos?”; periodismo de aúpa). Por haber, hay hasta exposiciones fotográficas chungas y charlas a las que van cuatro gatos (y casi todos son gente del sector más algún curioso que está esperando a que le pongan una peli), y muchos atletas que hace nada mendigaban algo de reconocimiento y que ahora, con la eclosión del running, se han convertido de un día para otro en algo parecido a rutilantes estrellas (y que dure, que para eso se lo han currado).

Y por supuesto, gente, mucha gente. Una fauna de lo más variopinta que va desde el pelele que parece que esté pisando el Mundo de Oz al flipado de la vida disfrazado para hacer un Ironman ahí mismo, sin olvidarnos de esos yuppies trajeados cargando su exclusivísma mochila runner sin que se note (que sí majo, que has triunfado en la vida hundiendo la de los demás) y de algún desorientado abuelete que se ha equivocado de evento (señor, la feria gastronómica es la nave de la derecha) y se hincha a geles, bebidas isotónicas y barritas energéticas como si no hubiera un mañana (no se descarta que estos tengan un efecto viagra  para aquellos justitos de fogosidad y de pasta). Mención especial para los veganos de nivel cinco que se presentan en vaqueros y camiseta con algún patrocinio o prueba más dura en la que hayan participado (o que hayan podido sablear a alguien que de verdad la haya corrido), y que aparecen acompañados de sus flamantes, caras y lustrosas nuevas zapas; la temporada otoño/invierno del fashionismo runner indica que están tienen que ser cuanto más minimus mejor (para más señas: son esas que usaste un día para entrenar queriendo emular a Kupricka o Bikila y la dura realidad de tus cómodos y supuestamente vagos pies los ha acabado condenando al fondo del armario).

Lo primero que debes tener en cuenta es que hay un antes y un después tras adentrarse en una certamen de esta especie, no volverás a ser el mismo. Mundos paralelos cuyo fin queda raptado por el vil metal: el que separa el ir con efectivo (ilusión + remordimientos + bronca en casa, duermo mal en el sofà y mañana lo pago en km 2 de carrera), e ir sin un puñetero duro (frustración + rabia + no ceno esta noche, no pego ojo  y mañana lo pago en el km 2 de carrera). Para no caer en la tentación escríbete en la mano (o mejor, ponte una alarma chirriante en el móvil) que te recuerde que tú sólo ibas a recoger el dorsal. También puedes llevar en el bolsillo ese navajazo por la espalda que toma forma de factura de la luz del último mes. Agua de santo.

Consejo: Empápate del ambiente, eso te motivará mucho para el día siguiente, pero no te excedas, no vaya a ser que no puedas conciliar el sueño de tanta sobreexcitación. Y, sobre todo, huye en el momento en que te hagan comenzar a dudar de que para correr no se necesita piernas sino cualquier remedio que te quieran vender. Los gurú vendemotos no son exclusivo de las ferias esotéricas. Ya sé que las primeras veces somos tan confiados que a todo le decimos que sí con los ojos cerrados (suerte tenemos de la píldora del día después), así que será cuestión de tiempo aprender a separar la paja del grano (lo que viene a ser lo meramente publicitario de lo realmente interesante) y salir de allí con un buen puñado de productivas enseñanzas y muchas más ganas que nunca de correr.

Consejo: Pilla todos los flyers que puedas, es una buena forma de preparar tu calendario de futuras carreras running. En una buena feria del corredor hasta las citas foráneas se dan a conocer en sus instalaciones por lo que viene fenomenal para comenzar a pensar en dar el salto y comenzar a vincular eso de turismo y running (si el bolsillo nos lo permite, claro). Aunque parezca mentira no sólo se corre en tu barrio, también lo hacen desde siempre los nórdicos y nipones y hasta la gente que vive en Tegucigalpa. Fenómeno global lo llaman.

Ese momento pardillo

Nueve de cada diez expertos en el mundo de las carreras populares dan validez a esta teoría: Lo primero que vas a hacer es mirar donde hay una cola y ponerte allí, da igual si es para recoger el dorsal, probar cualquier mejunje o pedir que te expliquen de una vez por todas que supinador no significa contertulio en lenguaje forocochero. Hay una ley física que determina  que el ser humano padece un proceso irresistible de imantación cada vez que se reúnen en una fila un mínimo de seis personas. Por supuesto, suele escoger siempre la más larga de todas ya que se supone que allí hay suceden las cosas importantes, las cosas de verdad. Después de media hora de espera ocurrirá la conversación membrilla por antonomasia:

–          Buenas, ¿número de dorsal?

–          ¿Qué?

Ya está, 20 minutos tirados a la basura. Tranquilo, caen los novatos e incluso los pardillos desnortados como el que redacta estas líneas que, con ya unas cuantas carreras en sus piernas, de vez en cuando se le olvida mirar el tablón donde te indican cual es tu número de dorsal. La respuesta rápida “No, si eso te iba a preguntar, que dónde tenéis colocada esa información” lejos de salvarte el cuello puede ser motivo de chanza (se suele colgar en lugares bien visibles, aunque en ocasiones se les podría aplicar el mismo código restrictivo que a los grafiteros y rozar la multa municipal de propaganda no autorizada (los he visto colgados hasta en las paradas del bus…). Ahórrate el comentario, agacha la cabeza y vete a buscar el maldito número del dorsal. Vuelve a la cola y déjate ver un poco haciendo cualquier payasada, puede que le hayas caído en gracia (o que sienta lástima, que para el caso también nos viene bien) al voluntario de turno y te deje volver a ponerte delante.

Ah, siento notificarte que esto de las colas es parte de la cultura del running, una enfermedad crónica que se ejemplifica en esta teoría: cuanto más grande es una carrera mayor número de colas vas a tener que zamparte. Que si la del dorsal, la de probarse y recoger la camiseta, la de pillar la bolsa del corredor, incluso la de confirmar el chip… Ni que fuera la administración pública.

Consejo: Evita ese sufrimiento mirando previamente en la web de la carrera el número de dorsal que te ha tocado y ya de paso imprímete la inscripción, algún justificante con la marca que quieres acreditar (no tiembles, ahora hablamos de eso), otro si necesitas algún tipo de ayuda extra para poder correr (especialmente las personas con alguna discapacidad) y en caso de poseer chip, su código. Lo más probable es que no necesites hacer uso de la mayoría de lo mentado pero en estas cosas siempre es mejor ser precavido y no tener que hacer eternos viajes de ida y vuelta. También puedes llevar todo guardado en tu móvil. ¡No te olvides del DNI!

Consejo: Si hay un stand para probar las camisetas que te dan como obsequio (que insisto, acabas pagando tú con tu inscripción) pierde unos minutillos en ello. Ya no es sólo que cada marca de ropa deportiva haya decidido patentar un sistema de tallaje propio que se puede basar tanto en el físico de Danny de Vito como en el de la familia Gasol, sino que incluso una misma empresa puede darle un día por convertir sus S en XXS y las L en batamantas.

Buena marca, mal karma

¿Has disputado alguna carrera antes? Si la respuesta es negativa tengo una buena y una mala noticia: la buena, no tendrás que ir a acreditar marca; la mala, vas a salir al final del todo del pelotón de corredores (pero bueno, tus expectativas al principio son acabar, ¿o aún sigues pensando que habiendo salido a trotar tres veces en un mes ya estás capacitado para competir en los JJ OO?). Tómatelo como si echases un vicio al Zelda: para enfrentarte a los jefes finales primero hay que subir de nivel si no quieres que te eliminen de un plumazo y eso es algo pesado pero al final totalmente necesario y satisfactorio.

Si, en cambio, la respuesta es afirmativa tampoco es que vayas a salir de rositas de buenas a primeras, te toca batallar por acreditar la marca para que te dejen salir allí donde te gustaría. Es cierto, que con la implantación del chip en las carreras se ha agilizado mucho el tema (en la mayoría de casos el color del dorsal hace referencia a la cajón/barqueta desde donde debes partir a la salida de la carrera), pero puede suceder un sinfín de imprevistos: que disputes carreras no homologadas para ser acreditadas (aunque así te las hayan vendido), que lo hagas en pruebas donde no era necesario el control por chip (es un modo de no elevar el precio de la inscripción, de reconducirlo a otros servicios… o de hacer más negocio), o que te hayan asignado una barqueta que no se adecúa a tus indudables cualidades atléticas. Parece una tontería cuando empiezas y estás en esa fase de “yo corro para disfrutar”, pero cuando a uno se le inocula la fiebre de la marquitis puede volverse una obsesión del calibre “Va, sólo un capítulo más de 50 sombras de Grey y paro (que no te pille cerca que en nada te asalto)”.

Ojo, lo de acreditar marca sólo sucede en las carreras con una participación considerable (a partir de los mil inscritos). A las carreras pequeñas no les hace falta ya que la posibilidad de estorbarse es mínima. Ahora cuando una prueba grande no pone un sistema de salida por cajones/barquetas el caos está asegurado.

Consejo: A la hora de acreditar marca reflexiona y diferencia entre la marca que te gustaría hacer y la marca que realmente puedes hacer. La ciencia empírica (o sea, el aprender a base de tropiezos) ha demostrado que en muy pocas ocasiones una y otra coinciden.  Si haces ese ejercicio zen te ahorrarás más de un disgusto para tu ensanchado ego, una ridícula patada al indefenso mobiliario urbano y mala leche para el resto de la jornada.

Consejo: Una carrera con más de 5.000 personas inscritas no es el sitio más idóneo para ir a buscar marca… Pero bueno, eso se le puede repetir a uno 5.000 veces que sé que no hay una  manera eficiente de volverle a recobrar la sensatez. Aun así insisto, para hacer marca hacen falta que se cumplan una serie de requisitos: estar en mejor forma que la última vez que corriste, una carrera en la que no tengas que pasarte el tiempo adelantando a la gente en zigzag, un circuito llano, ancho y rápido, un buen clima, mentalización ganadora… y algo de suerte. Por cierto, por muy delante que salgas no llegarás en crono antes que los que salen detrás tuyo, tu tiempo comienza a contar en el momento que pisas la alfombra que se aloja debajo del arco de salida.

Consejo: Si te toca salir sólo un cajón por detrás de lo que tenías planeado acéptalo con los ojos cerrados, para nuestra cabeza es mucho mejor recoger cadáveres (adelantar) que ser uno al que le va pasado todo quisqui.
Consejo: Por norma general las ferias del corredor se sitúan muy cerca de la salida y llegada de la carrera. Y ya que estás ahí no estaría de más que te calzases las bambas y le echases un vistazo al recorrido, ¿no crees?… “Pero me han dicho que no entrene el día antes de una carrera”… Venga, trotar no es entrenar. Pero si ves que pones en peligro tu integridad física y tus aspiraciones en carrera lo puedes hacer perfectamente dando un paseo. Los perfiles de las carreras que se cuelgan en la web de esas pruebas suelen ser la mar de útiles pero no hay nada comparable a palparlo a pie de pista. La curva de salida con la que hay que tener cuidado, esa pequeña subida imperceptible que se queda en nada, un repecho que no te esperabas, esa zona resbaladiza, un pilón que te puede dar un buen susto, el punto más o menos exacto donde se sitúa el avituallamiento… Reconocer el recorrido va genial para planificar nuestra estrategia de carrera (te la resumo muy brevemente si es tu primera vez: sobrevivir y llegar a la meta como sea).

PRIMERA PARTE: LA INSCRIPCIÓN.

SEGUNDA PARTE: RECOGER EL DORSAL (1).

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