Ultra Pirineu (la pseudocrónica)

Han pasado dos años de la anterior Ultra Pirineu, vuelvo a estar en Gòsol (o sea, en el km 74), y han cambiado algunas cosas. Cambia que Aitor ya no solo podría coger la pancarta para darme ánimos, ahora ya puede escribirla; que Hugo y Xènia son dos deliciosos terremotos que te obligan a ondear la bandera blanca; y que tenemos una nueva supporter en la familia: Ona. No cambia que tengo los mejores amigos del mundo. No cambia que otra vez me quedaré sin verlos porque otra vez  incumplo mi parte del trato: este año aún llegaré más tarde de lo previsto…

Cambia que lo de Vanesa ya no es mero tanteo, ahora vive bajo mi techo y aguanta los lloros de un pseudotreilrane mientras pone buena cara y en sus adentros piensa madre mía, pero que panda de quejicas… Esto no es lo que vendían en las fotos de Instagram. Cambia que esta vez Jordi sí podrá vivir al 100% lo que es hacer de equiper de un corredor. “No es que me guste correr por la montaña, a mí me gusta la montaña”, quedaros con esa frase porque debería ser la filosofía de cualquiera le apasione esto de pasarse 25 horas y media para arriba y abajo en una vetusta furgoneta solo para atender al bobo que repite una y otra vez “es que no entiendo qué me está pasando”. A ellos les debo media Ultra Pirineu.

Y cambia, muy especialmente, que en esta ocasión no llego con el signo de derrota tatuado en la frente. Esta vez no me encuentro en Gòsol totalmente vacío y recogiendo los bártulos por una funesta trayectoria que comenzó mucho antes de que sonase la de El Último Mohicano en la plaça de la Porxada (vaya coitus interruptus ese corte de sonido de este año…). Sé que me quedan 36 kilometrazos, 20 de ellos de los más guarros de toda la prueba (y que Gresolet y Empedrats se les hace bola a casi todo el mundo), también soy consciente que hoy tampoco está siendo mi día y que las piernas no responden… Y aunque tocado porque Edu, mi compañero esa jornada (¿tú con compañía en una carrera de larga distancia? Sí, quien lo iba a decir de mí), causa baja por un dolor inglinal que le ha carcomido mentalmente y que ninguno de los que le rodeamos supimos gestionarlo a su favor, sé que voy de fuerza y de ánimos bastante sobrado, lo suficiente como para liarme la manta a la cabeza y tirar adelante.

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La soberbia es gratis pero te puede salir muy cara

Sábado, a siete noches del Día D

Abro los ojos e intuyo que me voy a comer el mundo: pensando incluso que en lugar de asegurar el sub 20h que veo a tiro de piedra (una sensacional Trail Catllaràs sin ir a tope me llenó de confianza) me puedo tirar de cabeza a bajar de 19 horas, estas piernas que me he currado a la brasa del verano merecen tener su merecido homenaje. Y, por supuesto, lo haré sin hacer servir bastones porque me he emperrado que al menos una ultra la tengo que completar así. Y como me diría más de un compañero de carrera: has elegido unan de las ultras donde más necesarios son. Así de cabeza hueca soy.

INCISO INFORMATIVO DE ANTIINFLUEN$$$ER: No lo hagáis en casa, es muy malo eso de salir a correr a las 3 de la tarde derretido por un sol abrasador… pero a mí me sienta de muerte, qué quieres que te diga. No soy ni un ejemplo para nadie, ni tengo intención de serlo, ni mucho menos de dar lecciones. Gracias a Dios vivo muy a gusto con mis innumerables defectos y hostiándome de la forma más absurda. Ahí está la gracia del juego.

Cierro los ojos.

Abro de nuevo los ojos. De repente es lunes y estoy rezando solo por llegar en unas mínimas condiciones a la línea de salida. En esos dos días me ha pasado más cosas que goles absurdos le colaban a Zubizarreta: una caída de lo más absurda haciéndome la autotrabanqueta (y delante de un montón de gente en plena carrera; que no cunda el pánico: la cámara de fotos se salvó bastante mejor que yo) que me deja tocada la rodilla y magullado medio cuerpo; un virus estomacal que achaco a los nervios pre dónde coño te has metido; y una fiebre incipiente que acabará en un resfriado corto pero letal porque me dejará a tres días de la prueba más debilitado que el salario medio viviendo de alquiler. Y el primer parte meteorológico ya me va indicando que me arremangue porque se avecina tormentones… y no deja de venirme a la memoria la edición de 2012… Sempre amb nosaltres, Teresa.

Se vuelve a repetir la historia de hace dos años, definitivamente tengo la negra con la Ultra Pirineu. Pero esta vez sé que tengo tiempo suficiente para medio enmendar el desastre y me apunto al plan B, ese que siempre tuvo que ser el plan A: cumplir el trámite (entiéndase trámite como que toca sufrir como un cabrón pero si vas a lo seguro, acabar sin pensar en el crono, te aseguras al 90% el éxito). Eso sí, me quedaré con las ganas de poder trotar un par de días antes para saber como funciona el nuevo frontal que me he pillado, ver cómo evoluciona la rodilla e intentar dar más rodaje a unas bambas que debían ser la panacea para largas distancias pero que desde el primer día no han dejado de darme dolores y problemas. Llegaré a la línea de salida lleno de interrogantes e incógnitas.

Os cuento un secreto: mejor así porque la flipadura que llevaba encima (ya estaba imaginando cómo iba a ser la crónica sin haber dado aún ni una zancada) vaticinaba una hostia que me iba a volver de golpe fan del padle surf como deporte extremo.

El cuento de llegar a Bagà sin los nervios de punta

Y no acaban ahí los sustos y los percances: en el curro vuelvo a salir tarde porque una inesperada tormenta me obliga a estar pendiente de que no se líe el diluvio universal en Ciudad Capital (trabajo en la sección de méteo de una tele). Y esa lluvia lleva al colapso a una torpísima al volante Barcelona… Tanto que pienso que hasta voy a llegar tarde a recoger el dorsal y pasar el control de material viendo las insufribles colas que tengo que sortear para cruzar la ciudad. Todo se va a ir a la mierda por no pillarme ese día de fiesta.

Al final, llegamos con una hora de margen, tiempo suficiente para dar una vuelta rápida por el pabellón, saludar a cuatro amigos con los que contarnos la vida en mensajes cifrados de WhatsApp, recoger el dorsal (y darme cuenta que mi anterior yo además de chistoso era gilipuertas vocacional: el nombre que sale sobreimpresionado en el dorsal es el de… PATÁN -juro que no recuerdo haber hecho yo semejante cafrería-), pasar el control de material (esta vez sin incidencias, aprendí la lección y llevaba dos de casi todo) y tirar rápido a cenar.

Por cierto, material obligatorio. Un par de cosillas que creo que mejorarían la información y gestión:

  • En la Feria del corredor iría genial un cartel grande que indicase la última hora del material obligatorio por si acaso a algunos no les ha dado por mirarlo en la web o las redes sociales esa misma tarde. Hay a quien le pilló de imprevisto la obligación sí o sí de las mallas (no discuto que se tengan que llevar, no va de eso) porque días antes leyeron que si llevabas los pantalones impermeables no era necesaria esa prenda. Un amigo me contó cuando nos encontramos en Bellver que tuvo que pedirle a un colega que le comprase unas en Andorra porque desconocía este cambio (avisado, eso sí) de última hora.
  • En la sección de Material Obligatorio en la web debería ya verse sin desplegar el ver más las características totales de cada prenda porque algunos solo se quedan con la descripción básica. Me refiero a la chaqueta impermeable y la necesidad de que fuese de mínimo 10.000 columnas. Tuve que dejarle a un colega una porque él iba con una que no cumplía el requisito. Se dio bastante en la Maratón, ya que quizá sea de las carreras de esta zona donde se requiere más material obligatorio respecto a otras para poder estar en la línea de salida.
  • Habría que dejar más claro si se permite o no dejar en la bolsa de vida de Bellver el material que te piden a partir de las 6 de la tarde. descalificaron a algunos corredores porque no llevaban el material encima que creían que se requería a partir de las 6 de la tarde.

Nos vamos a quedar a dormir en la acogedora casa que tiene Jordi en La Pobla de Lillet (¿os he dicho alguna millonésima vez lo que me flipa el Trail Catllaràs? Pues eso, obligada) y cenamos en una pizzeria que llevan un padre y su hijo que son de lo más cachondos, amantes de la montaña, uno más de caza y el otro motero. Buen rollo, humor… y una crítica de lo marranos que son los corredores con los putos envoltorios de los geles. No me queda más remedio que darle un poco la razón (es una minoría pero la mancha que dejan es como si fuera la de una horda) y le digo que en mi caso intento recoger los que veo por el camino. Me sabe mal que el concepto que tengan del trail sea ése pero yo solo puedo poner mi minúsculo grano de arena para cambiar esa imagen.

Pues ya estamos allí

No sé que tiene La Pobla que siempre duermo a pierna tendida y moco suelto, ya sea en casa de Jordi, en una alquilada, en la furgo o en tienda de campaña. Caigo rendido y a ver quién me echa de ahí. Este año no será una excepción. Me levanto totalmente fresco y comienzo a montar todo el armamento.

Esta vez voy sobre seguro y lo tengo todo ordenadísimo, hasta mi bolsillo especial para recoger mis mierdas (literal: una bolsita para meter los kleenex usados) y la de los otros (que serán muchas, más de las que me hubiera gustado). A ver si os creéis que esto de el trailrunning es como se ve en las fotos promocionales con esos manchurrones tan bien colocaditos que curiosamente nunca ensucian el logo del sponsor, ese barro que parece dispuesto como si fuera maquillaje de guerra y esa mirada al infinito de alguien que tiene las cosas tan claras que se ha vuelto emprendedor a costa de la economía de sus padres y CEO de su cuenta de twitter. En mi caso solo se ven ojeras farloperas, un cuerpo encorvado y un muñón de sustancias viscosas que me adornan y que hasta los que me tienen un poco más de estima no pueden evitar poner esa cara de asquito puro en plan “vete a la ducha que no te pienso tocar ni con un palo”. Es guarro y me encanta que sea así. Porque en la montaña eso es lo natural y lo natural no entiende de limpio y sucio o de feo y bonito.

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Llegamos a la zona de salida, ya con la furgo encarada en dirección al Coll de Pal para que Vanesa y Jordi no tengan complicaciones a la hora subir allí justo después de que se dé la salida.

Esta vez no me pillará fuera de juego el frío, me presento con las mallas y los manguitos puestos y a punto la chaqueta (iba a decir la bonati… David, cuídate ese vocabulario que vas a parecer un cartel publicitario)… Y me encuentro que el 90% va en pantalón corto… La méteo es buena (y será mejor aún a lo largo del día, creo que no podíamos pedir más con las nada halagüeñas perspectivas de la previsión ofrecida el lunes) y esta vez me he pasado de conservador. Es algo que me confirman Jordi y Vane, y eso que son los más preocupados porque saben que yo me paso los inviernos paseando con camisa de cuadros como mayor abrigo ya que tengo el termostato interior averiado desde crío.

Al momento me encuentro con Esther y sus padres mientras voy saludando a los colegas que voy encontrando (Pedro Auñón de los Ashi, Castuo y su colega…) y espero a Edu con el que por lo menos haré los primeros kilómetros juntos.

Siempre he mantenido (y aun mantengo) la filosofía  de que en las Ultras los amigos se hacen durante la carrera, no antes. Que sea la propia montaña la que decida quien es el más idóneo y cuál es el momento ideal para compartir experiencias.

Pero hoy justamente hay dos motivos para ir con Edu, al menos esos kilómetros iniciales. El primero es que nos conocemos y tenemos ritmos muy parecidos a la hora de subir y bajar por la montaña (es quizá el asfaltero que conozco que mejor se ha adaptado al monte): en agosto hicimos los últimos 30 km de la carrera (y nos llevamos un palo gordo, no lo esperábamos tan exigente) y daba gusto ir con alguien con el que coincides en ritmos y sabe cuando toca hablar y cuando se disfruta del silencio. El segundo es que no sé hasta donde podré llegar y esta es una manera de no salir a las bravas (él tiene muy claro de hacer todo el Niu andando) y al menos podré acompañarle un rato en su primera gran Ultra.

La idea es que si la rodilla me juega una mala pasada (aunque todo pinta a chapa y pintura) me quedo en Niu o Bellver, si el cuerpo no da más de sí por los días de fiebre, intento disfrutar hasta Gòsol; si consigo que no me afecte nada de lo anterior, vamos hasta Bagà. ¿La estrategia? Hay que llegar muy frescos a Gòsol porque ahí comienza realmente la carrera. Quien me lo iba a decir, yo que siempre he ido a las bravas y veo que de golpe (y muchos porrazos) he madurado.

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Preparados, listos y… tapón

Salimos. Bueno, se intuye que por delante hay algo de movimiento porque nos hemos quedado sin música ni sonido pero sigue habiendo luz (mira, como cuando me quieren echar de los festivales) y por esta zona, segundo tercio del pelotón, aún esperamos que se abra un mínimo espacio para avanzar. El tapón es de tres pares y los primeros 300 metros los hacemos andando. Vuelvo a encontrarme con mi madre en el mismo punto que el año pasado y con el mismo método: vocinazo de ella y giro de cuello mío a lo Linda Blair  para divisarla. Este año además se acoplará en algunos puntos para animarme. No me puedo quejar para nada de toda la gente que estimo y me iré encontrando a lo largo de la carrera. Entre amigos, compis de carrera y familia les he llenado medio Cadí a los de Salomon.

Hacemos la vuelta de rigor por una Bagà repleta de gente aplaudiendo y encaramos la subida hasta el primer corriol frenando tanto que nos ponemos incluso a caminar.

Y ya cuando toca subir… más tapones, y será la tónica durante demasiados kilómetros. Nada que rechistar, yo he sido el que voluntariamente se ha apuntado a una carrera de un millar de corredores teniendo opciones igual de estupendas pero más descongestionadas. No sería problema pero mi filosofía de un tapón al principio, un km extra sin penas para el final comienza a convertirse en cierta desesperación porque paramos cada dos por tres, nos tenemos que esperar en algunos puntos varios minutos y hay hasta un momento que revivo el colapso viario del día anterior en la ciudad. Y, coño, yo había venido a huir justo de eso.

En el km 3 me giro y me doy cuenta que detrás de nosotros solo quedan a lo sumo unos 30 corredores y sí, nos hemos pasado de tranquilos y lo vamos a pagar. Llego en cierto momento a temer que no pasemos el corte del Rebost porque a lo lejos no se ve una vía de solución a tanto parón. Por suerte a partir del km 4 ya comenzamos a tirar con un poco más de soltura aún comiéndonos algunos frenazos.

En un tramo de pista bastante calmado alcanzo a Helena Sureda que luego sería una de las protagonistas personales de esta carrera (spoiler casi al final de este tochazo), le pregunto cómo se encuentra y me dice que bastante mejor ya que se ha sacado de encima la angustia que le asoló hace unas semanas preparando la carrera, y que ahora ya es llegar hasta donde se pueda y probarlo en las siguientes ediciones. Me alegra verle con buena cara y actitud y me voy con la tranquilidad de saber que no está aquí forzando el sufrimiento. No hemos venido para eso.

Este tramo se me hace larguísimo (suerte que me encuentro al gran Abuelo Runner echando fotos y animando), y cuando llego al Rebost en casi dos horas comienzo a notar que para lo que he hecho debería estar fresquísimo… Y no, tengo la sensación de que no puedo dar mucho más de lo que he hecho hasta ahora. Hace un mes, en el más que recomendable Trail Moixerò (sí, en el Berguedà se curran unas carreras la mar de apañadas) pasé silbando por el mismo punto en poco más de una hora, parando cada dos por tres a lo largo de la subida esperando a un compañero, y me encontraba mucho más entero. Hay algo que falla. Lo mejor, que la rodilla no me ha molestado al subir y solo me ha tirado un poco al bajar.

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Camino al Niu, belleza no disfrutada

Voy a pecar de sobrado, pero realmente creo que la única gran complicación de la subida al Niu es que te envalentones demasiado y la hagas más rápido de lo que deberías. Se presenta tan pronto que por fuerzas todos los corredores deberían alcanzar la cima con buena cara. Si no es así, comienza a plantearte si realmente has llegado preparado a la prueba y si vas a poder aguantar los 85 km que aún te quedan de carrera.

Desde el Rebost viene la parte más bonita de esta subida. Justo ahí pierdo de vista a Edu, ya que desde hacía un tiempo yo iba tirando adelante y paraba para echar fotos, hacer alguna parada técnica o intentar salir de la monotonía de estar yendo siempre al mismo paso. En la subida lo alcanzo y ya desde ese instante vamos juntos hasta arriba aunque las piernas a veces me hacen adelantarme unas decenas de metros.

Comienzo a notar que esas bambas que deberían ser la bomba vuelven a darme problemas. Pequé muy de pardillo estrenándolas el día que fuimos a repasar el tramo de Saldes a Bagà (los últimos 30 km de carrera), que al final se nos hizo más largo de lo esperado, y acabé con rozaduras en el talón derecho y un dolor que se alargó un par de semanas en el empeine izquierdo. Al final creía que las tenía dominadas… pero, no. Es curioso, las compre porque eran la versión para largas distancias (más amortiguadas, cómodas y reforzadas) de unas que me tienen enamorado y al final fueron las más minimalistas (no os tiréis al cuello, solo es un adjetivo) las que me salvaran los pies esta jornada.

Nos comenzamos a notar extraños, veo que se nos va echando el tiempo encima, y que aunque el crono para llegar al Niu no es malo (3h30′), las sensaciones no son nada buenas, en mi caso voy notando pesadez en el estómago. Edu tampoco se nota del todo fino, pero vamos tirando maravillados con lo precioso que se ve Pedraforca con una luz especial que le hacen destacar esa mañana del resto del Cadí (la foto de Vanesa lo dice todo). Es tan bonito este tramo. A mí los montes me gustan así: altos, abiertos y picados (acabo de definir a Drazen Petrovic).

Edu me pregunta que cuándo veremos a los nuestros. Pues no debe faltar mucho porque el final de la carretera del Coll de Pal está muy próximo. Así resulta, se han colocado a poco de coronar y justo después de una pendiente picada, lugar ideal para que se te escuche desde 50 km a la redonda. Luego nos comentarían que se preocuparon bastante al ver que íbamos en plan bastante cenizo cuando no llevábamos para nada un semblante que tradujese ese mal rollismo mental en un gesto de claudicación.

A Vane le doy un vaso de plástico con varios envoltorios de geles que me he ido encontrando por el camino, ya llevo casi una decena y esto no ha hecho más que comenzar. Me sorprende bastante porque hace dos años este era el número total que recogí a lo largo de toda la carrera. Me viene a la mente las palabras del compi de la pizzeria… y sí, tienes toda la razón del mundo.

Eh, que como he dicho antes, yo no soy ejemplo de nada: en un par de ocasiones se me cae el billete de 20€ que guardo en el bolsillo del móvil y que siempre procuro llevar para solventar incidencias… Que supongo que pensarás que ya me dirás qué incidencias se pueden resolver con dinero en mitad del Cadí que no sea sobornar a una vaca para que me transporte a sus lomos al siguiente avituallamiento (pero siempre te da cierta seguridad).

Nos despedimos y encaramos el último tramo antes de llegar al Niu poniendo yo un paso firme para que no se nos escape demasiado tiempo. Tenemos la sensación de que la gente ha salido muy rápida y que la mayoría acabará pagándolo al final, y aunque es cierto (casi 400 abandonos y un buen montón de adelantamientos) sé que esa explicación es una forma inconsciente de enmascarar que nosotros no estamos en el lugar que creíamos que nos correspondía (porque a cada uno las piernas les pone en su sitio). Hay un momento que Edu me comenta que se encuentra lento y que le aprieta la pulsera porque se le ha inflado la mano, inmediatamente le digo que iremos más lentos y que tranquilo que es el efecto de estar en altura y que en poco rato comenzamos a descender.

Me hace una ilusión tremenda encontrarme animando al punky Jordi que hacía más de un año que no lo veía, me suelta un “tú sí que saps, noi” porque llevo la mítica camiseta de la PunkTrail de Sallent de la que él era uno de los cabecillas y charlamos un rato. Más arriba continúo de suerte porque me topo con Oscar, que este año no la corre pero no se la quiere perder, me pregunta qué tal voy y le comento que, aunque no me veo con muy buenas sensaciones, la idea es llegar a meta tranquilo sin pensar en el crono. Lo de emularle a él (pero a lo muy lejos: tiene un 16h30′ bien y un 17h30′ petando, ojito) lo dejamos para otra edición que la hagan en descenso. Y más tarde veo a David Runner que me echa unas fantásticas fotos (qué le vamos a hacer, esa es mi caray no tiene arreglo) y me anima. Veo que no llevo mal semblante, pero las piernas las tengo semi acalambradas (lo achaco a no haber llegado a tope de fuerzas) y, lo peor de todo, no he disfrutado en absoluto de la subida. Y yo me apunto a las carreras de montaña exprésamante para esto último. Cachis…

Del Niu al Serrat, el tramo trampa

El perfil te lo vende como bajada con algo de cresteo. FALSO. De bajada tiene los primeros metros (bastante picados y técnicos; ojo ahí, que tras hacer 14 km de subida las piernas necesitan su tiempo para adaptarse y ese descenso se ejecuta bastante torpemente, más cuando ves que la tónica de la carrera será que el suelo esté húmedo y resbaladizo) y parte de los finales, pero el resumen sería que es un tramo totalmente rompepiernas que a nosotros se nos da fatal (veo que incluso más lenta que la subida al Niu). Al menos el estómago vuelve a ponerse en su sitio tras hacer una parada técnica completa, no tengo que temer por la alimentación. y eso es muy bueno.

En ese bajón de ritmo mucho tiene que ver que cada dos por tres nos encontremos con algún parón por algunas grimpadas donde se acumula decenas de corredores y que decidamos no obligarnos a adelantar de buenas a primeras a todo aquél que alcancemos. Ya comenzamos a calcular que lo que eran 21 o 22 horas sin forzar el sufrimiento se van a convertir en 23 o 24 por todo el tiempo que estamos perdiendo en estos primeros kilometros y el no notarnos del todo finos. Bueno, estamos para ir a meta aunque en mis planes no entraba en absoluto zamparme toda la noche y será algo que tendré que ir mentalizándome durante el resto del día. Aprovecho estos frenazos para ir sumando fotos y, por desgracia, no parar de recoger envoltorios del suelo. Que sí, que hay que tener en cuenta que alguno quizá no sea de la propia carrera, que a otro se le habrá caído involuntariamente, pero… joder, que llevo el bolsillo de la mochila ya rebosando.

Es a partir de aquí cuando me daré cuenta que el final de cada tramo se nos irá haciendo mucho más largo de lo esperado, como si el 80% lo hiciésemos a la velocidad que nos tocaría y ese 20% final hasta el avituallamiento fuese una meta que cada vez se va alejando más de nosotros. En ese momento decido ir chivando a Edu y a la gente que me rodea lo que más o menos nos vamos a ir encontrando en los siguientes kilómetros, pero me doy cuenta que vaticino demasiado pronto ciertas dificultades que no aparecen hasta mucho más tarde. La idea ya es salvar estos 14 kilómetros de la mejor manera posible y sin obcecarse, que luego desde el Serrat hasta Bellver todo será mucho más fácil.

Lo siento, Bellver, pero (casi) nadie te quiere

No voy a decir que sea una opinión unánime pero si preguntas a los corredores cual es el tramo de la Ultra Pirineu que menos le gusta, creo que la amplísima mayoría te confirmará que los kilómetros de acercamiento y luego salida que merodean Bellver. Son un añadido sin chicha para superar esa barrera psicológica de los 100 km y tener una ubicación con una logística digna de las dimensiones de una carrera como es la Ultra Pirineu. Para la Maratón me parece estupendo pero a los de la Ultra se nos hace muy cuesta arriba ver como te alejas del Cadí y que luego debes volver a por él.

Ahí me doy cuenta de una máxima infalible en las carreras de largas distancia: ya puedes embadurnándote de vaselina hasta el rincón más insospechado de tu cuerpo que siempre habrá algún punto que se te escape y te solle vivo. A mí esta vez me ha tocado… en el culo. Tengo la cara interior  de los mofletes (la raja, vamos) como si hubiera pasado por una sesión de bondage, y no veas como pica cuando te pones a correr un poco. Mucha de las paradas técnicas serán solo para intentar solventar el entuerto a base de vaselina. Ahí me doy cuenta, que también llevo los labios secos (y no he parado de hidratarme) y que los pies y las piernas me duelen y no puedo achacarlo a otra cosa que no sea que por la fiebre he llegado justo de defensas y estoy más sensible de lo normal.

El descenso lo hacemos a ritmo de dejarnos llevar por el tramo de pista, tampoco es cuestión de forzar. Pero mi mente cerril no cesa en comparar cómo estoy corriendo hoy a como lo hice hace dos años, una carrera que salió torcidísima desde el principio y que me tomé al final con mucha filosofía. Y aun así, estamos pasando con más de hora y media de retraso que en aquella ocasión y las sensaciones son de que no doy para más. Desde ese preciso momento, el objetivo es batallar para olvidarme de una vez en pensar en el crono y buscar recuperar sensaciones.

Y es entonces cuando Edu hace un gesto de dolor. “Creo que me he roto”, me indica llevándose la mano a la ingle. Desde entonces ya vamos con aún más cuidado bajando. Aún nos queda un largo tramo corriolero no excesivamente picado pero en el que sí hay que poner bastante atención porque hay bastantes raíces y algunas rocas muy resbaladizas. Como vamos pillando gente no nos obsesionamos en adelantarlos, y seguimos ese paso. Más tarde el camino se va abriendo y ya lo que quedan son unos 3 km de caminos sosos hasta el pabellón de Bellver donde ponemos una marcheta más aunque ya venos que no estamos para tirar muchos cohetes y donde puedo saludar a Jordi Miquel (el hijo del gran Gabriel Miquel) que ya me dijo días antes que subiría a animarnos.

Antes de entrar al pabellón nos encontraremos con los suegros de Edu, mi madre y Jordi, al que le expreso mi frustración por tener el cuerpo como si hubiera hecho una maratón en 5 horas llegando aquí en 8. Me dice que deje de pensar en el reloj, que vamos muy bien de cara. Y es cierto, ni me noto cansado ni derrotado, sencillamente tengo la sensación que me he encasquillado en la tercera marcha.

A Cortals, con mucha mejor cara 

Dos platos de pasta, varios vasos de cola y taquitos de fuet. Un cambio de bambas que me hace sentir como si pusiese los pies dentro de las pantuflas de casa (NOTA MENTAL: comprar urgentemente 30 pares antes de que se les ocurra sacar a la venta una nueva versión que se carguen todas sus virtudes… como pasa casi siempre -puto always in beta-). Una charla motivadora y sentimental con Vane a la que le pago teatralmente con los 20€ que se me iban cayendo. Estamos de humor, hemos saludado a toda la gente (en el pabellón me encuentro a varios colegas, entre ellos a Borja que también va muy concienciado de sacarse la espina este año) y dando las gracias a todos los que animan. No estamos nada mal.

Total, que salgo como nuevo y motivadísimo para afrontar el siguiente tercio de carrera (que creo que es una de las mejores formas de trocear la carrera: de Bagà a Bellver; de Bellver a Gòsol; de Gòsol a Bagà). Dejando al margen algún nubarrón mental y el miedo a ese dolor, veo a Edu con muchas ganas, así que partimos situándonos en el peor horario posible pero asumiendo que por coco y fuerzas llegamos de sobras a meta. Y es que más allá de que las cosas no esté saliendo como nos gustaría en ningún momento tengo la sensación que la carrera me queda grande, sencillamente la estoy completando a otro paso (por fin dejo de compararla con la edición de hace dos años). Saludo a mi madre, a Jordi y a Mario que está haciendo el seguimiento de Helena y Hector Yuste.

Los primeros kilómetros son muy suaves y los hacemos entre caminar rápido y trotar, al menos no nos sobreviene la clásica bajona de sobremesa y ya nos vamos pasando y repasando con los que durante muchos kilómetros serán nuestros compañeros de carrera, un grupito de 6/8 corredores que nos vamos a desgastar las caras de tanto vernos. Cuando la pendiente se pone más dura la subimos sin apenas problemas y dejando pasar los kilómetros vemos que es quizá el tramo que más corto se nos hace. Casi sin darnos cuenta nos encontramos ya en el tramo de pista que conecta con el corriol que desemboca al avituallamiento de Cortals.

Allí vuelvo a confirmar una de las características de esta Ultra Pirineu: la entrega, amabilidad y buen humor de todos los voluntarios. Entre tres voluntarias, un canario, un gallego y Edu que es murciano se monta un buen combo que da para chistes de cena de Nochebuena a cuenta del referendum (antes de toda la dantesca tangana del domingo) y de la relación entre todos. Esa más que amena charleta, que va a más cuando las voluntarias se dan cuenta del apodo/putada que indica mi dorsal (maldito el día… estaría borracho), y el coincidir con el punky Quim Lastras, que por desgracia abandona porque no tiene el día y ya la tiene más que aburrida de las veces que la ha hecho (pero sin dramas que en tres semanas se va a petarlo del todo a Templiers), me advierte  de que definitivamente me lo estoy pasando ahora mismo muy bien. Por fin he podido escampar esos fantasmas cenizos que sobrevolaban y ahora sí que estoy disfrutando de la Ultra Pirineu en todo su esplendor. Para redondear las buenas nuevas, tengo la suerte de ver un par de labavos poliklyn donde hacerme unas curas que ya llegan demasiado tarde para ese culete que se cocina en escabeche y que me está matando cada vez que intento ir un poco rápido.

A Prat d’Aguiló, pura montaña

Nos queda aún un poco para llegar al Coll de Pendís y ahí comenzar un cresteo que este año me resulta menos incómodo que en otras ocasiones. Allí arriba el escenario es una maravilla y esos compañeros que ya se intuían que iban a seguirnos el ritmo les parece lo mismo, algunos paran a disfrutar del espectáculo, yo a recoger instantáneas con el móvil que no captan ni la mitad de lo precioso que es.

Desde ese punto hasta Prat d’Aguiló lo que nos toca afrontar es una sucesión de sube y bajas que vuelve a llevar la contraria al perfil oficial de la carrera que llevamos serigrafiado en el dorsal. Por suerte, ya lo sabía, y aunque no acabo de adivinar nunca lo lejos o cerca que estamos de la próxima parada, me resulta lo suficientemente entretenido como para que me de la primera mini crisis (nada que no se resuelva con una barrita de cereales; los geles los tengo marginados solo para momentos de crisis aguda, no usé ninguno en toda la carrera), efectuar un intento infructuoso de tomar las sales (no hay manera de que las trague) e intentar imitar al chico que va justo delante, y que lleva una fiesta dentro de sus cascos cantando a viva voz, tarareando la primera canción que se me ocurra. Mi alma friki me traiciona y ese honor recae en la melodía del Double Dragon 2 de la mítica NES (bueno, yo era pobre y tenía la NASA).

En alguna bajada veo que Edu se queja del dolor en la ingle y ya comienza a asomar sus dudas de si podrá aguantar toda la carrera. Intento calmarle diciendo que vayamos paso a paso bajando el ritmo lo que haga falta para ir bien y que en nada nos toca disfrutar del mayor espectáculo de la carrera, el Pas dels Gosolans.

Y a lo lejos…. A lo lejos esto de aquí abajo.

Pas dels Gosolans, solo por esto ya vale la pena

No niego que me acojono un poco cuando nos obligan (de todas formas, ya lo iba a hacer) a colocarnos la chaqueta y los guantes para afrontar la subida a Gosolans. Fue el primero de los dos únicos momentos que pensé “Ay, que quizá esto me queda grande”, pero la méteo siempre, siempre,  jugó a nuestro favor, el día fue perfecto.

Ahí, en el avituallamiento de Prat d’Aguilo vuelvo a depositar un buen montón de envoltorios en el cubo de la basura y al verme uno de los de que hacen control le indico que solo uno es mío, que el resto los he ido recogiendo y que estoy flipando bastante con la cantidad que me estoy encontrando (y eso que ya con la caída de la noche se me han escapado bastantes además de algunos que se han quedado ahí en los laterales porque me jugaba el físico si iba a por ellos). “Nosotros luego hacemos una batida intensa para dejarlo todo limpio”, me comenta a modo de disculpa. Ya, pero no sois vosotros quienes tenéis que recoger la mierda de los otros, debería cada corredor ser responsable de la basura que origina.

Otra confesión: andaba un poco depre porque esta vez no iba a llegar de día para subir y ver desde arriba como se va poniendo el sol por detrás del Pedraforca.

Lo que no sabía es que iba a resultar tan o más espectacular hacer Gosolans de noche, viendo de fondo el reguero de frontales haciendo zig zag por la montaña, las siluetas a contraluz y, tras coronar, disfrutar de un par de kilómetros maravillosos con una enorme y rojiza luna creciente justo encima de nuestras cabezas.

Si llegas a Bellver derrotado y con ganas de poner el pie en tierra, si te asaltan las dudas sobre si vale la pena o no seguir, si piensas que sería mejor abandonar en este punto porque lo que queda es muy duro, yo lo único que te puedo decir es que solo por el Pas dels Gosolans va a merecer la pena todos estos meses de sacrificio. Creo que cualquiera que se ha matado por estar en condiciones en la línea de salida se merece ser protagonista de la experiencia de pasar de un lado al otro del Cadí por este mítico camino. Es precioso, es durísimo (aunque este año, claro que a otro ritmo, no se me ha hecho nada bola) y tiene un toque épico… un toque épico que se desvanece en el momento que te das cuenta que tu nariz está rozando el culo del delante.

Pasado este síndrome de Stendhal nocturno volvemos a la rutina. El descenso que queda hasta Gòsol es largo y poco exigente: primeros metros algo irregulares y luego mucha pista que desembocará en un corriol interminable hasta la segunda base de vida de la jornada. En este tramo, que creía saberme al dedillo, me pongo por delante para poner el ritmo y bajamos relativamente rápido, y tras unos kilómetros sin muchas complicaciones divisamos las luces de Gòsol y ya al momento aviso que, aunque parezca que quede cerca, aún nos queda un buen trecho: “mínimo dos o tres kilómetros”.

Quince minutos después, justo al aterrizar en un tramo pistero, nos topamos con la durísima realidad: un señal nos indica que para Gòsol aún nos faltan ni más ni menos que 5 kilometrazos. Hemos confundido Saldes con Gòsol!!!!!!! Nos da una bajona tremenda y de golpe y casi de rabieta nos ponemos a caminar esos primeros metros. Y aún no hemos comenzado el tramo de corriol rápido pero que guarda algunos minirepechos rompepiernas… Justo ahí me da la mini crisis más aguda de toda la carrera, me quedo a unos 50 metros de Edu (que el pobre sigue con sus dolores y yo solo lo puedo consolar con frases placebo y callarme lo de que voy algo justo para que no se venga más abajo), al que me es difícil alcanzar de un tirón y decido quedarme atrás e ir poco a poco encontrando sensaciones. A los 10 minutos vuelvo a pillar el tono y ya juntos hacemos los últimos metros hasta Gòsol.

A solas con la noche

Nada más llegar y encontrarnos con Vanesa, Jordi, Esther y familia, Edu ya nos dice que lo deja ahí, que de piernas y cabeza se ve bien pero que no va a poder aguantar 36 km más con este dolor. No intento forzar a que siga porque más allá de que ese percance le haya tocado mentalmente, como luego me confesaría, estamos hablando de un dolor físico. Me encantaría que siguiese porque, y sin que sirva de precedente, creo que he encontrado una pareja perfecta para este tipo de pruebas y creo que en los buenos y malos momentos nos lo hemos pasado la mar de bien.

Inmediatamente tras el “No sigo” de Edu, me asaltan las dudas. Con el tiempo que hemos tardado en llegar aquí, debería estar dando palmas de lo entero que me encontraría pero no es el caso, ahora ya comienzo a notarme un poco (tampoco demasiado) fatigado. Pero aún puedo hacer coñas, eso es un buen síntoma. Como veo que está ahí mi madre y para no preocuparla, al momento le digo que sigo, que me encuentro bien, y que esté tranquila que en el momento porque no lo vea claro me vuelvo para casa.

Aunque lo cierto es que solo estoy tres cuartos de convencido. Las piernas me duelen un montón porque las primeras bambas me han dejado tocadas las rodillas y éstas que llevo son un guante pero de amortiguación van bastante justitas para la cantidad de km que me estoy metiendo. El otro factor que me carcome no es en absoluto la soledad (la de veces que he hecho el loco saliendo a las 2 de la madrugada a perderme por Collserola) sino el frío que pueda hacer en las siguientes horas. Pero nada, nubarrones que desaparecen con una buena butifarra, otro buen plato de pasta y unas cuantas bromas.

Tengo claro el por qué decido tirar adelante y el por qué no lo haría en otro caso (bueno, siempre estoy a tiempo de cagarla… y alguna vez lo he hecho). No sigo por lo bien que queda la foto de finisher en las redes sociales. Tampoco creo que sea buena idea usar la figura de los amigos y familiares (el lo haré por ellos) como escudo humano de mis causas imposibles. No me hace falta rascar argumentos más allá que los que me haya currado entrenando como un cabrón. Y lo del pain, el gain, el jaar, el gromenagüer y toda la sarta de frases motivacionales las pongo al mismo nivel que un libro de la Esteban o una nota de prensa escrita por Urdaci .

Siempre me ha parecido una estupidez inconsciente y a la vez la mar de egoísta: la cago yo, me puse en peligro… pero es que lo hice por vosotros. No, yo corro solo para mí y asumo todas las consecuencias. Si quieres hacer el mejor regalo a la gente que te quiere, procura llegar a a casa sano y salvo sin poner en riesgo tu vida. Sigo adelante por una razón tan terrenal, aséptica y falta de glamour como es la de verme perfectamente capacitado para ello. Y después, ya si eso, les dedicaré la gesta a quien crea que lo merezca.

Ya solté mi perorata (y no hacía falta), vamos al lío.

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Estoy solo, así que tengo libertad para hacer el cafre, o sea que vuelvo a mi estado natural. Desechada la opción de alcanzar a Manel (como me alegro que este año sí que fuese su año) y a su amigo Víctor, que les está saliendo un carrerón y van un poco por delante de mí, ya que me retraso bastante saliendo de Gòsol y no estoy seguro de tener las mismas piernas para aguantarles el ritmo, decido que iré a la mía.

La estrategia a partir de ahora será la de que tengo que llegar a la base de todas las subidas duras (rampa de Estasens, Gresolet, Empedrats y Coll d’Escriu) con plena confianza, y para eso me he de servir de las bajadas y los falsos llanos, ya no tanto para recuperar tiempo como sí para recuperar sensaciones.

Acerté de pleno. Y parte de ese éxito la tiene Edu. El tramo de Gòsol a Estasens era el único que me faltaba por revisar del recorrido y tenía un miedo bastante fundamentado (ese perfil que parece dibujado con la punta del rabo no es nada fiable) de que el terreno iba a ser bastante rompepiernas. Pero Edu me había chivado un rato antes que él lo había recorrido al revés en una carrera que se disputó el pasado julio y, que salvo los dos últimos kilómetros que son bien duros (y se me hacen eternos tras el engaño de una señal que nos indicaba que el refugio estaba a 500 metros cuando era, mínimo, el doble), el resto es muy suave.

Necesitaba como agua de mayo este caminar tranquilo por un falso llano que me tomo con toda la calma del mundo, e incluso parando para enviar una felicitación de cumpleaños y ya así dejar el móvil en modo abierto para ir notificando mis tiempos de paso a Vanesa y Jordi. Ahí vislumbro que lo que me queda va a ser duro, sí, pero que creo que lo voy a disfrutar muchísimo. No niego que el hecho de saber de que los dos me esperan en Vents del Cadí (gran estrategia motivadora por su parte para darme ese plus de seguridad, yo les había conminado a que se fueran a dormir y de aquí a 9 horas, si todo iba bien, nos veíamos en Bagà) me da mucha tranquilidad.

Entre los gajes del oficio del día cuento que el culete sigue en carne viva, pero tras ya pulirme un tubo de vaselina y ver que no hay mejora, decido dejar de hacerme curas y asumir que me tocará sufrirlo cada vez que intente ir algo rápido. También noto que el superfrontal que me había agenciado se ha pulido las pilas más rápido que una horda de abuelos asaltando los manjares de una feria gastronómica, y se queda en ese modo reserva, que a este ritmo y terreno fácil ya tengo de sobras y me permite disfrutar de la silueta del Pedraforca con el cielo totalmente estrellado.

Decido gestionar los dos paquetes de pilas que me quedan haciendo el cambio antes de la bajada de Gresolet (terreno bastante técnico y resbaladizo) y el inicio de la subida a Empedrats (para cruzar la ría sin pisar en falso). Voy aprovechando que me alcanzan o voy pillando a corredores con los que contarnos las penas y sumar leds a la noche.

Menuda hay liada en Gresolet

En Estasens hago ese, ahora sí, necesario cambio de pilas con la ayuda de un voluntario porque soy un torpón y no tengo uñas. Charlo animosamente con ellos y también con otros corredores a los voy a explicando lo que más o menos se van a encontrar si les veo con dudas.

Desde hace un rato, me sorprende una alboroto que se escucho de fondo y que de inmediato relaciono con Gresolet: debe haber un speaker, micro en mano, a grito pelado. Se escucha bastante nítidamente y eso que estamos a 4 kilómetros de ese refugio. Deben tener una buena montada allí y me choca que esté permitido montar esta jarana en plena madrugada y con ese volumen de decibelios. Esa banda sonora me acompañará todo el camino hasta llegar a su origen, especialmente bajando Gresolet que, como esperaba, será ese terreno donde hay que salvar los muebles: nada de correr a muerte, aquí lo básico es salir vivo y estar pendiente en cada momento de dónde pisas para no caerte y hacerte daño. Lo salvamos bastante bien y ya solo nos queda un poco de sube y baja hasta el refugio.

En ese tramo final comienzo a discernir un batiburrillo sonoro que no alcanzo a comprender a qué se debe: suena un hitazo de Gossip, suena Nirvana… pero todo suena mezclado como el culo; lo único que se escucha perfectamente es al speaker dejándose la garganta animando a cada corredor que llega al refugio. Al llegar allí ya veo el porqué de todo ese follón sonoro, hay dos conciertos montados: por un lado el del speaker y las canciones que le acompañan (caen hasta las Spice Girls, gracias), por el otro una mini rave a unos metros de la carpa del avituallamiento. Y sería para unirse a la fiesta… pero en otra ocasión. Fijo la mirada en las sillas y veo que hay a un par de corredores con cara de derrotados y pocos amigos, tapados con mantas que han abandonado y los pobres llevan un semblante de please kill me que indican que no están para muchas verbenas y que matarían por tener algo de paz y silencio. Agradezco el gesto, el cachondeo reivindicativo y las ganas de animar, pero me marcho con la sensación de que este follón no es lo más adecuado a estas horas de la noche (seguro que sí durante el día) y a estas alturas de carrera.

Camino a Vents, el gran examen

Después de ponerme falete tomando los deliciosos brownies y algo de fruta (los avituallamientos cumplían con todo lo indicado en la web, pero no hubiera estado mal un poco más de variedad) encaro uno de los escollos que más respeto le tengo de lo que queda de carrera. A esta subida de dos kilómetros y vertical de principio a fin le temo más que a la de Empedrats. Más que nada porque aquí aún sabes que te queda un mundo para llegar a meta y en Empedrats es solo liarse la manta a la cabeza y tirar adelante.

Y, previo susto por un par de tirones en los tobillos que ya me indican que no estoy para proezas, la subida se me hace realmente fácil, comienzo a avanzar a corredores y noto cada vez más lejos las luces traseras que apuntaban hacia mí. La tontería de no portar bastones por ser un cabezón empedernido (éramos cuatro gatos los que decidimos salir a pelo, yo no me encontré a ninguno a lo largo de la carrera) creo que ahora está ya jugando a mi favor, me está dando un extra de confianza el verme subiendo tan bien sin necesidad de ellos. Pero la de sobreesfuerzos que me hubiese ahorrado…

Superado el escollo, y en un estado de euforia casi desbordante, inicio la bajada correteando de forma natural muy a gusto, tanto que sigo adelantando corredores y en menos de un kilómetro llego hasta uno que me aguanta el envite y decido quedarme con él y dejar de fliparme, que al final puedo pagarlo caro. Como el chico tiene dudas de lo que queda de recorrido me pide que me ponga delante y le haga de guía, y así pasamos nuestro buen rato, primero corriendo y luego caminando y dándonos cuenta de que como el mundo es un pañuelo tenemos un buen montón de colegas comunes.

Cuando se abre el camino, él tira adelante y yo decido que lo poco que queda hasta Vents del Cadí me lo tomaré con mucha calma para no llegar a la base dels Empedrats pidiendo un armisticio. Por una vez estoy siendo aplicado y sigo un intento de plan.

Empedrats, ten piedad de mí

Evitando que el foco ilumine el cartel de “Bagà: 5km” que es una invitación a mandar a tomar por culo a la Ultra Pirineu (tan cerca y tan lejos, a nosotros nos harán dar una vuelta con casi el triple de km y desniveles agonizantes), lo primero que me encuentro en el refugio de Vents del Cadí es a Vanesa y a Jordi apalancados en unas sillas de camping echando unas risas con los voluntarios del control de dorsales.

Me explican que se lo han pasado realmente bien allí y que tienen mil y una anécdotas para el recuerdo. Jordi confiesa que si alguna vez había soñado participar en la Ultra Pirineu, justamente hoy se le han quitado todas las ganas al comprobar el estado de algunos (pocos, también hay que remarcarlo) corredores que llegaban aquí: miradas al vacío, pérdida del oremus e incluso bastante mala leche e irritabilidad. Me cuenta el caso de uno que a cuenta de la colocación de su dorsal se ha puesto a gritar a los voluntarios y no han conseguido calmarlo, y de otros que se quejaba porque su “Suunto” les daba de más y la carrera estaba mal medida. Intento enmarcarlo en el contexto de que son casos esporádicos y de que a estas alturas de carrera estamos de un sensible que puede llegar a dar asquito para los que nos rodean, pero también pienso que si llegas a estos extremos de malrollismo quizá sea mejor que te vuelvas a casa. No sé, creo que vamos a la montaña a sumar y no al contrario.

Saco otro buen montón  de envoltorios y le digo a Vane, ya medioderrotado con el tema, que llevo más de 60 recogidos. De repente se alza otro corredor y monta en cólera:”¡¡Es que la gente es muy guarra!!” Tanta naturaleza y trail y son unos putos puercos, estos no deberían correr jamás”. Definitivamente, a estas alturas de carrera estamos con los sentimientos a flor de piel.

Pero, bueno, yo de humor voy bien, de ánimos aún mejor, sé que tengo mi primera Ultra Pirineu completa a punto de caramelo y solo se trata de no cagarla. Solo temo a la posible niebla y a enfriarme, así que me pongo las mallas y cambio las pilas del frontal antes de partir. Hacemos cálculos y les digo que tal como voy hoy que se pongan en el peor escenario: si se supone que se tarda en hacer este tramo hasta Bagà entre 3 y 4 horas… Yo me voy a retrasar hasta incluso un poco más. La cagaré treméndamente… Pero eso ya es otra historia que te cuento más adelante.

Lo bueno de Empedrats, unos primeros cientos de metros bastante suaves que te permiten adentrarte lo suficiente como que para cuando la montaña decida ponerte las cosas difíciles no tengas tentación de volver atrás. Lo peor, los múltiples y puñeteros pasos por la ría, el único momento que encontré que la señalizacion flojeaba un poco en una carrera tan bien marcada que te guía casi a ciegas.

Ese tramo de equilibrio y grimpeo  se me da bastante mal y encima tengo que ir deshaciendo y volviendo a rehacer el camino porque me voy equivocando de trayectoria. Se me atraganta tanto que solo deseo que pase rápidamente para meterme de lleno por la parte más empinada, tres kilometrazos eternos y muy duros pero en los que solo hay que ponerse un paso cómodo.

Yo decido ir muy tranquilo, no tengo nada que ganar y sí mucho a perder, me obsesiono con evitar hacer paradas ante el temor de que se me enfríe el cuerpo. Me alcanzan un par de corredores y decido seguirles su paso… y al final, pues oye, que ya estamos arriba. No era tan fiero como lo pintaba mi imaginación.

Solo falta un escollo

Pues sí, un kilometro vertical, que es el último regalito que te tienen guardado los de la Ultra Pirineu para que te acuerdes de algunos de sus ancestros. Se llega a él tras un tramo de bajada no excesivamente complicado que encaro junto a los dos corredores que nos habíamos juntado en la subida. Saben que me sé el recorrido y no me van a dejar escapar a este confidente que se vaya de rositas.

Antes, aprovisionándome en el avituallamiento de Sant Jordi (km 100!!!!), escucho un “Venga, tío, que te estaba esperando para llevarte a meta” que me descoloca bastante, más que nada por el tono cachondo con el que lo suelta. Es Juan Castillo, un máquina que hoy probaba de bajar de 15 horas y no ha tenido su día, y se ha reciclado a mitad de carrera para hacer de liebre de su compañera de equipo Carol, que está completando su primera ultra y va algo tocada. Carol me dice que con el día tan bueno que ha hecho hoy, no se puede dejar escapar la oportunidad, y yo le doy toda la razón. Llegarán a meta e incluso me dará tiempo después de poder felicitarlos.

Ese tramo de acercamiento en bajada lo hago tranquilo y de cháchara, charlando con uno de ellos (el que va más fuerte) sobre nuestras aventuritas montañeras y, por desgracia para mí que aquí quería desconectar un poco, la actualidad informativa. Aun así, la mar de ameno.

La subida es dura como ella sola, más que nada por la cantidad de km que llevamos encima, y meto la pata totalmente situando la cima unos 400 metros antes de donde en realidad está. El compañero que flojea y es su primera ultra está ya en ese punto que lo mandaría todo a la mierda y pediría un Cabify para que lo lleven a casa. ¿Cuando hacemos a la próxima ultra? le espeta en broma su pareja: “NUN-CA”. Y en ese momento me doy cuenta que llevo más de 100 km en las patas y aun así tengo unas ganas terribles de repetir aquí y de no para de hacer carreras de largas distancias. Es el principal regalo que me dejará la Ultra Pirineu: me lo estoy pasando de muerte y encima me siento como si en este tipo de carreras hubiera encontrado la horma de mi zapato.

Ya estamos a 7 kilómetros de meta y todo es ya bajada facilísima sino fuera porque la mayoría llega aquí tan destrozado que deciden no complicarse y ponerse a caminar hasta meta. Yo me veo bien y me tiro a tumba abierta sufriendo bastante al principio por el dolor intenso de las piernas pero luego encontrándome comodísimo y la mar de rápido. Voy adelantando a corredores y mirando de animarles a que me sigan o tranquilizando al personal chivándoles que lo queda para llegara meta no es nada complicado y que ya tienen la carrera en el bolsillo.

Y en esas que en un tramo de carretera me pilla fácilmente un corredor (se suponía que ibas como un cohete, ¡eh, David!, qué malas jugadas te hace pasar la imaginación) y se queda un rato al lado mío para comentarme sobre sus desventuras: parece ser que iba entre los 20 primeros y pegó una petada monumental, tanto como para acabar acompañando a un pardillo como yo. Alucino bastante con la historia pero me resulta creíble cuando tras soltarme el discurso, arranca y en un instante me saca un trecho imposible de recuperar.

Yo sigo a lo mío, ahora ya de camino al camping sorteando sin problemas las poquísimas dificultades que quedan hasta tal punto que llego a adelantar a una quincena de corredores y vuelvo a atrapar a ese misterioso corredor antes del repechazo final previo a las míticas escaleras que te llevan a meta y que por orgullo me he encabezonado a superar corriendo. Por supuesto, compruebo que a él  no le mola que un mindundis le tosa y se queda justo detrás de mí para darme el hachazo definitivo ya coronando. Ha molado mucho el pique.

Bajo las escaleras… Uuaaaaaaaaa, lo tienes David, me adentro en el pasillo alfombrado que va a meta y… no veo por ninguna parte ni a Vanesa ni a Jordi. Mierda, he llegado mucho antes de lo previsto y seguro que se han quedado durmiendo en la furgoneta porque estarán destrozados. Me sabe fatal por ellos porque sé que les hacía ilusión hacer los últimos metros de la carrera conmigo y así yo también agradecerles que hayan estado ahí a las duras y a las maduras.

De repente escucho que me llaman y veo que es Helena, que se ha levantado a las 7 para venir a animar a los corredores que van llegando tras haberlo dejado en Bellver. Le da un subidón tremendo, y yo un poco descolocado con toda la situación hago los últimos metros andando hasta meta. Helena está tan contenta (de todos los que ella conocía sería el único que acabaría completando la carrera, y creía que yo había abandonado junto a Edu, de ahí el sorpresón) que se mete en la zona de meta y decide colocarme ella medalla (qué momentazo y qué lástima que no hubiese cámara para captarlo).

Va a buscarme un café, me siento en la tarima… Y sí, ahora comienzo a ser consciente de que, joder, me he cascado toda una Ultra Pirineu sin estar en las mejores condiciones

Y en esas que llegan Jordi y Vanesa y la primera frase que se les ocurre pronunciar es “Vaya patanada”. Pues sí, otra de las mías. Ellos acababan de entrar a un bar ahí mismo para tomar un café esperando a que llegase y a última hora les he salido sietemesino… Nos petamos un poco de la situación (me ocurrió algo parecido en Catllaràs, suma y sigue).

Y ya está. Bueno, tengo un dolor de piernas que me advierte de que ojo con engancharse a estas locuras y una sensación extraña: entre el orgullo y cierto picor.

Mi YO racional batalla por ganar la mayor presencia posible en esta hueca cabecita: “A ver, David, supiste sobreponerte a otra desastrosa semana previa de esas que echan el traste cualquier ambicioso plan que tuvieras en mente, corroboraste que la distancia la tienes más que asimiladas en tus piernas, y en ningún momento rozaste a ese punto de agonía de me vuelvo a casa“.

Mi YO pasional me chiva algo que sabía, que la bravuconada del Una de 100 y nunca más que siempre iba vociferando tenía la misma credibilidad que cuando suelto “la última birra y me vuelvo a casa”. Me lo pasé de coña, compartí un montón de momentos en compañía de los míos y de nueva gente que fui conociendo por el camino, disfruté también cada segundo que fui solo maravillado por el manto de estrellas que decoraba el horizonte, me sentí en mi casa estando lo más lejos posible del claustro de las cuatro paredes.

Pero mi YO picón… Ay, mi YO picón (aunque no os lo creáis lo tengo, y curiosamente aparece cuando entreno y por mis cojones ese de detrás no me pilla o cuando miro las clasis y joder, si hubiera apretado aquí…) me obliga a volver porque qué es eso de hacer una prueba sin poder darlo todo…

Volveremos.

23 Respuestas a “Ultra Pirineu (la pseudocrónica)

  1. Jajajaja, como menha gustado tu cronica/relato!! Eres un crack tio… no sabia que habias ido un rato con Juan y Carol ( que grande el moreno, tremendo saliendo despues de tres horas parado para acompañar a Carol y que nosotros pudiramos tirar).
    Veo que ese sentimiento de volver y darlo todo no soy el unico que lo tiene 😉
    Me encanto verte, y quien sabe si la proxima UP vamos un rato juntos buscando esa marca que te deje vacio y satisfecho a la vez!!!
    Un abrazo “patan”!!

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    • Sí, fue muy bestia coincidir en Sant Jordi con Juan en plan “pero si tú deberías estar ya en casa tomando un helado!”. Tengo claro que he de volver pero creo que el año que viene caerrá la Maratón de UP porque m molaría hacer también Matxicots, así que … 2019 no sería una maa fecha para vernos allÍ!

      Abrazo

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  2. Leída de pe a pa. Una gran crónica. Muchas felicidades una vez más!

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  3. Joder David, se te queda corta la distancia para tantas emociones… Dudo mucho que se pueda exprimir tanto una prueba. Me encanta!
    Me alegro que hayas conseguido superarla y que quieras volver a intentarlo. Eso significa que volveremos a leer otro relato tan espectacular como éste.
    Por cierto, sino lo digo reviento. Hace falta más gente como tú, que sea capaz en plena carrera de pararse a recoger la mierda de los demás. Gracias!

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    • Bueno, no sé si habrá más crónicas, con esta última cre que ya le estaba dando vueltas al mismo asunto, el chicle de correr no da más de si. Quizá con tiempo. Eso sí, que me veré liado en otra de éstas… seguro!

      Abrazo, Miguel.

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  4. Molt bon relat David, transmeteixes les alegries iles porsd’una manera que tothom es pot sentir identificar. Jo ni em plantejo fer una cosa com aquesta, perogràcies a tu, un arriba a ‘imaginar-ho’.
    Molta força i espero que ja t’hagis recuperat!!!

    Salut i kms
    Pere

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  5. Me alegro un montón que disfrutaras la carrera David.
    Me consta que llegabas como un tiro a la carrera, una lastima la ultima semana (o no, uno nunca sabe como puede ser de grande la ostia cuando no la ves venir). Igualmente siempre es preferible afrontarla en las mejores condiciones físicas, miedo nunca, respeto siempre.
    Falta la mini crónica de como estas unas cuantas horas después tomando birras en Barna, pero que conste que me ha encantado.

    Lo de los putos plásticos de los geles y demás, francamente es que no lo acabaré de entender en la vida, no hay nada que me de más rabia que llegar a un sitio perdido y encontrarme mierda de alguien.

    Gracias por compartir David, se agradece el esfuerzo.

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    • Pues fue un caminar como Robocop tardando una eternidad, disfrutando de cada una de las birras… y no poder dormir toda la noche del dolor de piernas.

      Me he quedado con la rabia de haberlo intentado a tope, llegaba muy confiado y con la estrategia totalmente planeada. Pero sí, quizá me hubiese pegado un bue hostión. Ahora es intentar no perder mucho la forma y buscar un nuevo intento.

      Salud, Josema!

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  6. Buenas David, ha sido una lectura genial, parece increíble poder hacer estas carreras tan bestias, yo que apenas hago 10k y ya he tenido que parar por forzar un poco la rodilla :_ , pero es una gozada leerte, y ver como mantienes ese registro de sensaciones y vivencias de la ultra traducidos a una crónica como ésta.
    En cualquier caso, felicidades por acabarla y a por otra!

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  7. Grande David!!!!! Subieron 4 amigos y solo uno pudo coronar, muy mucho merito, cuanto peor para el, mejor para ti!!!!! Fenomenal

    PD…. Tinc molt problemes amb el peus, de fet no he pogut correr la UP aquest any per lesio al peu…. Quines bambes fas servir al final??? el concepte “zapatilla de andar por casa”, em fa obrir els ulls!!!! Qualsevol consell, entenen que cada peu es un mon, es molt ben rebut!!

    Mercès

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    • Bones, Sergi,

      Jo vaig anar amb les Inov8 TrailTalon 290 que tothom dels que conec que les ha provat em diuen que són una meravella en quan a equilibri de comoditat i prestacions… Però a mi no em van bé, perquè cada peu és un món. Així que vaig completar la cursa amb les Inov8 Roclite 290 que era les que vaig fer servir per Zegama: tenen menys drop (4) i menys amortigüació però és que són comodíssimes i van molt bé en aquests tipus de terrenys (tècnics però no brutals). Aquestes des de el primer dia em van anar molt bé. Vambes molt polivalents.

      Jo sempre a les llargues distàncies prefereixo primar la comoditat (en el meu cas és que’ no noti que porto vambes’, que tingui llibertat als dits de davant, que el tacte sigui suau, que no noti dura l’amortigüació) a les prestacions, en el sentit que prefereixo perdre uns segons baixant un corriol picat i tècnic si puc mantenir la sensació de que les vambes no em faran mal. Si ja has de domestcar uness vambes és que possiblement no siguin per a tu les més còmodes del món.

      Això si, hi han altres curses on he de primar més que tinguin una sola que agafin bé, és el cas del trail de Bisaura amb parets verticals molt dures i plenes de fang i roca mullada.

      Salut!

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  8. Que pasada de crónica !!! Leyéndola a uno le entran ganas de hacer una locura y hacer la ULTRA Felicidades amigo por la ULTRA y por la CRONICA.

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  9. Grande David , tan dura es la subida los primeros 14 km que se tarda mas de 3 horas caminando? debe ser muy dura la carrera de 1000… 400 abandonos , yo si me considero un patán que hago 3 o 4 entrenamientos y lo dejo jajajaja me encanta la montaña ya me gustaría hacer una carrera así, quien sabe a lo mejor en 2019 nos vemos ahí jajajaja el tocho lo he leído 2 veces y me ha hecho olvidar la realidad del momento en que vivimos… sabe una cosa si los 2 lados tuvieran una pantalla y pudieran ver el futuro de Europa de aquí a 2 décadas llegarían a un acuerdo en 5 minutos , por muy negro que pueda llegar a ser el futuro de Europa que lo será pero también es cierto el sahara volverá a ser lo que fue una inmensa selva , lo que tenga que pasar pasará porque en el fondo nada nada se puede cambiar es como si la historia estuviera ya escrita . Salud y A

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    • Buens, Sebas,

      Es dura, más por el desnivel y la altura que alcanzas que poque el terreno sea técnico. Haces casi 200+ de desnivel nada más comenzar. A mí me gusta que sea así porque ya te quitas bastante desnivel de una tacada y en el momento que estás resco, si esas rampas en tantos km te las ponen al final… Buff, sería un suplicio!

      Y esto de la montaña y las largas distancias es tan solo ir quemando etapas y no intentar pasar página antes de tiempo. Así se disfruta muchísimo. Palabra.

      Salud

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  10. Una cronica increible la he disfrutado de principio a fin, y me has puesto los dientes largos en adentrarme en el mundo del trail y quiza quien sabe intentar una heroicidad como correr una carrera de este tipo.
    Enhorabuena por haberlo conseguido.

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    • Pero de heroicidad, realmente poca. Solo es ir acumulando km durante mucho tiempo para que el cuerpo se habitúe y tener la cabeza fría en los km claves de carrera. Así que… solo has de liarte la manta en la cabeza para probarlo. Mola mucho!

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  11. Pingback: GNÓTHI SEAUTÓN. Spartathlon y autoconocimiento | Training In the Clouds

  12. Hola David!
    Ets un fora de serie eh! Fa temps que segueixo i llegeixo les teves entrades. Son del mes util que un pot trobar al pensar fer aquella u altra cursa. Vaig fer la marato de la UP aquest any i m’ha encantat l’entorn i l’organització. Algun tap durant el recorregut i dues rampes d’asfalt baixant cap al AV del km34 (Martinet) son notes negatives, pero sortint mes endavant es pot solucionar el tema dels taps i amb les rampes suposo que no hi ha mes remei que baixar-les encara que no agradi l’asfalt. La resta molt be i el Pas dels Gosolans val la pena fer-ho amb un dorsal posat. Ara, la sortida de Bellver comporta pagar el tunel del Cadi (o afegir 50 minuts mes de viatge passant per mil curves jaja) eh! Que ho tinguis clar!
    No deixis d’escriure les croniques, que m’he tragat fins i tot les mes llargues! Sort, salut i kms!

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    • Buenas, Peter K,

      Gràcies per llegir-te el tros de totxio que m’ha sortit aquesta vegada (li faria falta una mica de podatge). Jo la Marató la faré l’any que ve perquè em vull estrebnar la sermana anterior a Matxicots, així que tastarem tots els trams que comentes i la mega putada d’haver de pagar peatge (que els meus acompanyants van haver de apoquinar)… El circuit no m’acaba d’agradar tant com el de l’Ultra o altres maratons de muntanyes però li tinc moltes ganes pel que t’ho dius: entorn i organització de nivell pro.

      Ens veiem per les muntanyes!

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