Como molaba y molabas cuando tenías una carrera popular en tu barrio y venían de otras zonas de la ciudad a correrla. La mostrabas orgulloso aunque no tuvieras que ver en su organización porque al fin y al cabo quien la estaba montando era gente con la que has hecho vida desde tiempos inmemoriales. Ahora algunos de esos barrios se despiertan casi cada domingo con una actividad lúdica, casi siempre deportiva y en esencia vinculada al atletismo popular, que ha convertido la excepción en una regla desnaturalizada por una simple vocación económica.
El deporte es saludable hasta que lo conviertes en un negocio que solo da satisfacción a unos pocos y martiriza a aquel que las pasa putas para salir del portal de su casa. ¿Tengo motivos para no querer que una carrera popular pase por delante de mi vivienda?









