El mundo se viene abajo, Monotonix

El artículo aún más sintetizado aquí.

Lo tienen todo: una procedencia éxotica y un curriculum de desastres escénicos que ni Spinal Tap, una imagen de depravados sexuales a medio camino entre el desmadre setentero y su parodía a lo Freak Brothers, un reguero de trallazos de rock puro y primitivo que buscan el KO técnico a golpe de riff. Y el directo más bestia que uno se puede echar a la cara. Y aún así los israelíes Monotonix continúan siendo the next big thing. El trío más cafre y menos valorado del garage rock. Hasta el punto de ser listados a las siete de la tarde de un jueves en el último Primavera Sound. Auténtica kriptonita para un grupo que apuesta por reventar esa barrera que separa al músico del fan y que necesita de este para que sus conciertos muten a bacanal de sudor, desnudos, empujones y rabia. ‘Not yet’, su segundo disco, con Steve Albini a la sombra afilando riffs, y la promesa de que pocas cosas son comparables a ver como aporrean una batería encima de tu cabeza, deberían ser ya argumentos definitivos para ganarse el fervor que se merecen. Luego ves a Jet…  y maldices la ESO.

Monotonix (BeCool, 1 de marzo)


100 ‘phenomenales’ películas y un reto…

…difícil y doloroso : un film por director, un film por saga.

Estirando el chicle del éxito de ‘The Phenomena Experience’ me voy a atrever (y a darme el gustazo, para que voy a negarlo) de hacer una compilación de pelis de esas que marcan época.

Una de las mejores formas de valorar el nivel artístco de una época es practicar el sufrido juego de escoger una obra por autor. Si padecemos más de la cuenta por descartar una en lugar de otra, significa que ahí hay hemos tocado el principio de un tesoro. Esta es una selección (dura, peleada y agonizante) de las películas que el que suscribe más le ha marcado de cada director (que no las mejores) en esa época que va de finales de los sesenta a mediados de los noventa. Se abre la veda, la polémica y las críticas. Yo ya tengo mi cubo de palomitas.

BASE:

– Una peli por director.

– Una peli por saga.

Sigue leyendo

Artículo sobre ‘Phenomena’ y el cine de entretenimiento

El link aquí y el texto integro (y aumentado) saltando página

Sigue leyendo

Artículo sobre Guías de BCN

De esos que nunca se acaban. El link al original.

Sigue leyendo

Previa de Bloody Beetroots para LeCool

Justo aquí. Sigue leyendo

Razz cumple 10 años

Un mini artículo (no da para más el papel) a medias con el Gran Gabri, en ADN. Sigue leyendo

Previa sobre Crystal Castles

A morir el domingo. Justo aquí.

Sigue leyendo

La ficción son los otros (A Serbian Film)

Sabíamos que alguien lo tenía que hacer. Y todos sabíamos que estábamos ya preparados para reaccionar tal y como hemos reaccionado. Porque a todos, a TO-DOS, se nos había pasado por la mente una escena de ese tipo. Y todos sabemos que, a pesar de ello, no somos unos tarados (al menos no en el sentido que regula el régimen de vida en sociedad). Del mismo modo, todos sabemos que no podemos hacer pública esa impresión por miedo a que se nos catalogue con ese apelativo y por el pánico de comenzar a dudar de nosotros mismos.

Sigue leyendo

Nishimura le da color (rojo) a Sitges

En cualquier otro festival, un hombre que se presenta al escenario vestido de paramilitar para, acto seguido, quedarse en paños menores volteando un feto de plástico por el cordón umbilical, tendría todas las papeletas para ser internado de inmediato en un frenopático. En Sitges simplemente se le adora.

Y es que Yoshihiro Nishimura es de esa clase de directores que dan sentido a un certamen en el que la materia prima es la sangre, el terror y la casquería, pero que en ocasiones se olvida un poco de ese principio con tanta posesión metafísica, tortura verité como reclamo a guiones peñazos con ínfulas, ángulos imposibles para sostener una escena (y una carrera), y producciones hollywoodienses de segunda fila que tienen todas las papeletas para estrellarse en taquilla.

Sigue leyendo

Rubber: Un sinsentido (en el buen sentido)

Si por algo destaca un festival como éste de Sitges es por tener un publico con un  estómago sólido como una roca (imprescindible cuando la protagonista absoluta es la casquería) y por aguantar (a menudo con respeto, en ocasiones con humor y alguna que otra vez soltando más de un improperio) cualquier cosa que le echen. ¿Cualquier cosa? Bueno, siempre hay aquella película infumable y/o incomprendida que es premiada con el peor de los insultos que un espectador guarda en la recámara: la huida en masa.  Sigue leyendo