Zegama-Aizkorri: la pseudocrónica

“Otro año que no toca el sorteo de @ZegamaAizkorri pero, oye, siempre nos quedará la salud. La salud que quería perder en Zegama…”

Así, repitiendo el chiste fácil, tonto y viejuno de cada año… para que cuando Marc y Toni me suelten “pero, tío, que yo veo te ha tocado” me entre los sudores fríos, un blancazo de los que no se pasan con metadona, y la sensación de que tras lo que parecía un sueño, un privilegio y un desafío, se esconde un marrón de los grandes, un traje que me va tres tallas grandes y un “pero dónde demonios voy a meterme???”.

¿Y por qué a mí… si yo soy un parguelas?

Situémonos. Segundo de EGB, celebrando la Castanyada. Vale, me explico. Para esa generación de infelices que os han traumatizado con un Karate Kid con la cara de chuloputas que se gasta el vástago del una vez molón Will Smith en lugar de empatizar con el mindundis y auténtico pagafantas que hemos sido todos y que tan bien representaba el gran Ralph Machio con su mítica patada de la grulla: la Castanyada era nuestro Halloween cuando no existía la conexión a Internet.

Llevo yendo a la escuela poco más de un año (preguntadle a mis padres el porqué, aquí me lavo las manos); y yo, como el 99% de la clase, seguimos coladit@s por la hija del profe de gimnasia. Chica que tiene como actividad de recreo decidir cada día quien va a ser su novio. Y ese día tan señalado, quizá por aburrimiento, quizá por haber completado el álbum de cromos o quizá porque quería aprender la vivencia de salir con un primate al que habían pasado de curso sin apenas saber leer y escribir, ha decidido que ese baile, ese beso casto y ese entrelazado de manos los iba a practicar conmigo. No habrá un mañana, por eso hay que aprovechar los breves momentos de felicidad que a veces se te presentan sin quererlo ni beberlo.

Y ahí estamos, un buen porrón de años después (nótese que no digo la cantidad, por el orgullo de que no se me noten las canas) el chico marginado, iletrado y mediocre es ahora un chico marginado, iletrado y atléticamente del montón que, por caprichos del destino, le ha tocado salir de nuevo con la guapa de la clase (la de casa ya la tengo a mi lado): ha sido premiado con pasar un día de noviazgo con la Zegama Aizkorri.

Tenía tan interiorizado que no la correría nunca, pero tanto, que solo me dio por echar el boleto en el sorteo en un par de ocasiones en todos estos años. No era ni sería un drama el no poder jamás catar con aparatoso dorsal, culo enfangado y cara de suplicio máximo en la subida de Araz, me conformaba perfectamente con comenzar a acoplarme este año a hacer de hooligan por las faldas del Aizkorri de los más suertudos que sí que habían sido premiados con ese dichoso privilegio. Afortunadamente me ha tocado correr y competir en una época donde puedo matar ese mono con un buen montón de carreras de montaña dignas de quedarse clavadas en tu retina.

Pero sí, Zegama es Zegama, Zegama es la polla en vinagre, y vivirla desde dentro os aseguro que te da aún más fe de ello. También os diré otra cosa: Zegama lo es todo por su gente, la que está detrás montándola y la que acude desde cualquier punto de Euskadi o aún más lejos y se sienten parte de tu gesta porque con un grito te han dado ese empujón que te hacía falta en ese momento crítico.

Porque carreras que organizativamente sean de diez las hay, contadas pero las hay. Pero no niego que me deja con el culo torcido ese nivel de profesionalidad que aquí se ve en los grandes rasgos (señalización inmaculada, gestión de incidencias perfecta) y se confirma en detalles tan insignificantes pero muy indicativos como el que te ofrezcan una bolsa de basura para meter la ropa sucia cuando te vayas a duchar. Pero lo mejor es, como me contaba Santi, que a pesar de su éxito sigue oliendo a carrera de pueblo y no a algo artificial sin fondo detrás.

Y con eso no quiero insinuar que una carrera de montaña deba aspirar a ser Zegama, ni mucho menos. Una buena carrera de montaña debe aspirar a ser ella misma. Del mismo modo que me encanta este enfervorizamiento popular que hay detrás de Zegama, creo que vivir decenas de kilómetros en la más absoluta soledad y con tus debilidades presentes en un entorno relatiavemente salvaje y hostil (a ver, qué salimos de ciudad y nos creemos Planeta Calleja, leñe) es algo que también me encanta disfrutar. Ambas visiones pueden coexistir perfectamente. Al final lo de la mejor carrera del mundo es, para mí, la carrera (o salida) que más profundamente te ha marcado.

Y aun así, la noticia de que estoy dentro me llega con una mezcla de sensaciones que aún a día de hoy me siguen acompañando y no he acabado de asimilar: un estado entre la euforia y el temor, entre el agradecimiento y el desmerecimiento. La percepción de que me invitan a una fiesta preparada para los buenos y en el que yo hago de bulto como un extra en una escena de discoteca donde haces ver que también bailas esa mierda que malsuena de fondo sin que la cámara te enfoque, sumado al regusto agridulce de que sé que por delante de mí hay una, dos o cien personas a las que aprecio un montón y a los que le han dado portón en los morros un mayor número de veces. Y yo a la segunda…

ZEGAMA

… pues porque eres un treirane!

… A la segunda, plas. Vamos rumbo a Euskadi y con el mapa señalando Zegama dándome de nota un siete en la asignatura de Entrenamiento, preparación y adaptación a las carreras de montaña, que hubiera sido un ocho si el concepto taperin no se hubiera transformado en dos semanas casi de tocarme las pelotas, si hubiera podido rascar tiempo para meter más desnivel a las salidas (esto lo pagaré muy caro, ya aviso) y si hubiera podido retozar bastante más con el barro (querer ir de jevi escuchando a Bon Jovi, ese es el signo de mi vida). Pero también me llevo a mi casillero de cosas que han molado una apabullante Marxa Cap de Creus (qué maravilla de paisaje), una salida con Santi por el Montseny compartiendo miedo y confidencias, otra con Ruzaken por nuestra trilladísima pero querida Collserola y un acojonante Pedraforca con Juanje, Lídia, Antonio y Vanesa. Ya ha valido la pena.

Acudo con la sensación de que he entrenado con miedo a no llegar al día de la carrera. Ese miedo es el que me acompañará las semanas previas, el mismo finde y hasta las primeras horas de competición. Y será lo que marque totalmente mis desventuras de esa jornada. Miedo a romperme, miedo a dormirme y llegar tarde a la salida, miedo a no saber equiparme, miedo a no pasar el corte, miedo a no saber competirla, miedo a que la furgo no llegue a buen puerto… En definitiva, miedo a no dar la talla, a ser un poco yo mismo. Para más inri, ni tan siquiera tengo clara la estrategia ni el objetivo final. Piernas entre 5h30 y 6h es la versión más optimista, pero todo depende también de cómo se presente el día porque podría irme hasta las 7 horas si sale todo torcido.

Porque va a ser una vez en la vida. Que sí, que a Zegama uno viene a disfrutar del ambiente, pero no te puedes quedar solo en eso. A Zegama le debes algo más que venir a pasearte: por historia, nivel (muy exigente, que te viene lo más granado de la élite mundial) y por satisfacción personal: ya que te ha de quedar como un recuerdo perenne que sabes que no podrás repetir (soy consciente que el sub 5h es algo que a mí me va muy grande), al menos que diga: eh, exprimí hasta la última gota de sudor, apenas podía levantar la mirada del suelo pero… ¿y lo que moló?

Tú estás loco (y acojonado)… Y lleva algo de razón

“Un vecino también hace carreras de esas de montaña y un montón de kilómetros, ha hecho una muy dura en la Isla de la Reunión, ciento y pico de kilómetros… Está loco”

…Me suelta un simpático culé con el que comparto mesa de desayuno en el restaurante del hotelucho de carretera donde hemos dormido la noche del viernes al sábado y que esa misma mañana se ha visto invadido por una orda de aficionados que hacen el primer descanso camino a la final de la Copa. Y me lo suelta ahí, a bocajarro, aún sacándome las legañas y digeriendo el primer café del día, mientras contemplo como algunos de sus colegas ya van por la segunda ronda de cervezas de lo que se aventura como una jornada de épico desafio a ese muro alcohólico que supone el coma etílico. Pues sí, el loco es el treirane.

Y esta escena sucede porque con Vanesa trazamos el plan de que, como no voy a librarme de currar un viernes, partamos a las 7 de la tarde y, en lugar de dos noches en furgo, busquemos un cama a mitad de camino y la mañana del sábado sigamos tranquilos hasta Zegama. Así no llegaré tan destrozado y no me pillará con los nervios de punta cuando tenga que trazar con mi querida y demodé Nissan Serena los diez sinuosos, preciosos, y no tan peligrosos como temía, kilómetros que separan Zegama de la civilización (conducir cerca de precipicios hace que lo pase realmente mal). El plan sale perfecto y con el regalo inesperado de encontrar nada más entrar a la curiosa villa una plaza perfecta para pernoctar con un lavabo de los buenos (de los de obra, vamos) instalado para nosotros. Creedme, un lavabo en condiciones cuando vas en furgo vale incluso más que el acople de la Westfalia que todos deseariamos (nosotros aún dormimos sobre nuestros sofás).

La tarde del sábado la pasamos con Santi, Rosa y su hija haciendo los honores y presentándome a lo más granado de la movida que se ha montado en estos lares (ese día podré saludar a Jorquera, Territorio Trail, 10 Islas…) a causa de la prueba y flipando del cariño que le tiene la gente en el pueblo: él, tras un montón de intentos, por fin va a poder correrla y aún va con más presión porque es consciente de que el corte de tiempo de Sancti Spiritu (el que nos lleva a todos de cabeza; algunos porque ya se lo conocen; otros, como yo, por el total desconocimiento del recorrido) es su principal escollo. Ya os digo que se ha matado a entrenar para conseguir superarlo, el día que hicimos parte del trazado del Congost para chivarme los secretos del recorrido subía con el convencimiento de que lo tenía en sus piernas. Él y la pasión con la que te habla de la carrera, de su gente, de su sueño de poder correrla… Creo que personifica perfectamente al mejor embajador posible, ya que no tiene por qué vendértela por la obligación de los patrocinios y las notas de prensa.

Apunto en mi torticera memoria todos los consejos que me ha ido contando a lo largo de esta preparación, y los marco en rojo, junto a las tres o cuatro pinceladas del petadísimo briefing al que acudo mitad porque el saber no ocupa lugar (ay, si lo hubiera asumido antes…), mitad y tres cuartos porque me han chivado que al finalizar hay sidra y queso Idiazabal.

La sensación que me deja esa jornada previa no es que esté en una lugar diferente a otras carreras de montaña en las que haya participado (bueno, el queso estaba de muerte) o cualquier otra donde haya pica pica, bares por la zona para charlar y buena gente atendiéndote. Echo de menos más gente acojonada con la que poder contarnos las penas, porque aquí hay tal nivel (Zach Miller te saluda como si fuera el vecino de enfrente) que tengo la sensación de estar más en una presentación pre combate de bandas callejeras (aka montañeras), todos perchegados de sus ropas militares de la tribu a la que pertenecen. Un mundo, el del trail running, aún pequeño pero que unos pocos muy hábilmente han sabido sacar a la palestra mediática por encima de otros deportes con más base popular, crear sus héroes y mitos con mucha inteligencia para hacerlo cada vez más global y abierto a todos (y también más rentable, claro). Pues también me parece estupendo. Que quieres que te diga.

El día de actos

Pago con la cara

La lío un poco por la noche (¿qué hago yo empeñado en cambiar el rollo de papel del WC a las 3?) y bastante más por la mañana, pero sorprendéntemente puedo dormir medio bien. Por suerte, Vanesa, tiene el temple justo para centrarme cada vez que entro en fase de pánico… y tiempo de sobra para  sacarme la foto de arriba para que os podáis petar de mí. Entre la coña y el ataque de nervios, me veo incapaz de ponerme ni las tiritas para los pezones (mil veces mejor que la vaselina, palabra). Me recuerda que lleve todo y solo le falta envolverme el bocadillo y firmarme la autorización para poder ir de excursión.

Una excursión de 42 kilómetros, 2.700 positivos… y sin una gota de barro (tal como me indicaría Otro Loco Que Corre, saludándome desde el Aizkorri esa misma semana). La gente me cuenta que sin la épica que le da la lluvia Zegama pierde algo de magia. Es cierto, pero lo de la épica… como ya voy sobrado con mi vida cotidiana donde en mi día a día soy un héroe anónimo que se enfrenta… a si mismo: yo siempre aporto una extra de patanera, capaz de hacer épico y guionizable para una peli de suspense un sencillo cambio de plaza de aparcamiento, agotando la bateria, dejándome las llaves dentro, teniendo que entrar por el maletero  y obligándome a dejar el coche abierto y tirado en plena Barcelona de paso de guiris de garrafón. No le hace falta más épica a mis aventuras… aunque no negaré que barro…es la esencia… Había entrenado mentalizado para ello y sé que tras cruzar la meta lo echaré mucho de menos. Zegama es fango hasta las rodillas, coño. Hemos pasado de una edición en las ciénagas de Juego de Tronos a otra que se celebra en Mordor. Me resarciré en unos meses volviendo a esa locura que es el Trail del Bisaura.

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La viva imagen de “por qué me meto en estos fregados”

El tema del calor y el cortavientos es algo que me trae de cabeza: sé que hay un porrón de avituallamientos (un total de trece, perfectamente situados y bien servidos; solo eché de menos algo de salado en alguno de ellos) y que la máxima distancia que hay entre ellos es de 5 km (y al inicio de la carrera). En condiciones normales no me haría falta llevar agua encima… pero esta Zegama va a a ser muy diferente. Tras mil idas y venidas, inventos de Bricomanía y gastar unos pocos euros en cosas inútiles, y a falta de 5 minutos de abrirse la zona de salida, decido tirar por la filosofía que tan bien me ha ido siempre en montaña: ¿en estos casos qué te diría tu madre? Voy a lo seguro: llevar la mochila con el cortavientos dentro (en lugar de llevarlo atado a la cintura) y un bidoncito de agua en el bolsillo delantero (en lugar de en la mano).

Los 20 minutos previos a la salida son quizá el momento que comienzo a ser consciente de que sí, me he metido en un buen fregado. Mi cara de acojone, perceptible desde el helicóptero que sobrevuela el pueblo y desde los satélites rusos que le chivan la información a Donald Trump, es para enmarcar.

Decido quedarme con Santi en la parte de atrás para estirar la charla y el buen rollo saludando a los compis (otro punki también la va a correr y a medio camino nos esperan para animarnos; la camiseta no falla :)) y deseándonos suerte. También lo hago porque no quiero contagiarme de todos aquéllos que van a salir a muerte, prefiero ser yo el que recoja cadáveres antes de que me recojan a mí.

Se da la salida y en esa corta vuelta por el pueblo comienzo a darme cuenta de la magnitud de lo se me avecina, cerrando el bucle se me humedecen los ojos contemplando toda la gente agolpada en los laterales. Sí, hostia, estoy en Zegama…

Y, de repente, el primer rampón, como voy bastante atrás hay algo de freno, así que me pongo a caminar rápido, adelantando a gente.

Los primeros kilómetros pasan sin problemas, avanzando posiciones en una subida con un desnivel que no te permite muchas florituras y controlando el ritmo en los tramos más templados. Si quiero pasar bien el corte no hay que entretenerse, hay que ir a por faena. Son tantas las dudas que me niego a parar a mear hasta que no vea que tengo atado y bien atado el paso por Sancti Spiritu. Las piernas no van mal, pero las sensaciones son de que la tensión de los días previos me van a pasar factura . Voy haciendo ver que freno, que guardo una marcha… pero no, como se demostraría poco después. En dos kilómetros ya habré alcanzado mi tope, he adelantado a toda la gente que debería cuando tenía 40 km más para hacerlo con tranquilidad y sin forzar tanto la máquina.

Vídeo de Trail Running Review

Sobre el km 7 nos han montado un estructura metálica para no tener que cruzar la carretera y ya se escucha el runrún del público al fondo. Estamos en Otzaurte y ya hay un buen montón de gente en los laterales animando. Si ya está aquí así, no me quiero ni imaginar como será cuando estemos en las inmediaciones del Aizkorri. Los gritos de ánimo me hacen meter una marcha más de la que debería y lo noto al final de esta corta subida. Lección aprendida, no te dejes llevar por la euforia subiendo… pero tampoco dejes de agradecer los ánimos a todos los que se agolpan a lo largo del circuito, porque si no puedes responder con un Gracias, levantar el pulgar en signo de aprobación o chocar las manos de los críos (cuántos me la jugaron, los muy mamones) es que realmente voy jodido. Y no lo estoy.

A partir de aquí, la carrera se hace mucho más agradable a la vista (esa primera parte era bastante sosa). Seguimos subiendo pero siempre con algún descanso que te evita llegar a ese punto de agonía máximo. Comienza a soplar el viento de forma lateral y el sol sigue amenazante pero contenido bajo un débil manto de nubes. El calor no es tan agonizante como se preveía, pero el bochorno hace que cada dos por tres tenga que ir dando sorbos de agua. Prados verdísimos y abiertos antes de comenzar a subir Araz y con un majestuoso Aizkorri de fondo. Zegama es bonita de la hostia… y es aquí donde me mentalizo que la excusa de la meteorología no valdrá para definir la petada que se aproxima.

La gente va a por faena y pocos hablan, supongo que esos primeros kilómetros todos vamos con el miedo metido en el cuerpo menos aquéllos que se paran a charlar con los conocidos como si con ellos no fuera la cosa. En un avituallamiento se me cae una cáscara de plátano y casi me choco con una voluntaria a la hora de recogerlo. “Bastante trabajo ya tienes con correr como para que encima me tengas que limpiar el chiringuito”, me suelta ella totalmente risueña. Me encanta, este ambiente será siempre así con todos los voluntarios que se dejan la piel en SU Zegama.

En mi faceta recolectora (filosofía militante de devuelve el favor a los que te acogen como si fuera tu casa) recopilo a lo largo del día cuatro geles que me iré encontrando por el suelo, el primero de ellos en plena bajada corriolera (soy un suicida a veces, podía haber creado una montonera si llega a venir alguien justo detrás mío), que con barro sería para hacerla como si te tirases de un tobogán. Este año pisamos una alfombra roja.

Foto de Kiss The Mountain / Last Race Studio

Ya en Araz comienzo a notar el poco desnivel que he asimilado en los entrenamientos y que las piernas no responden como deberían, comienzo a ser pasado por algunos corredores y me encuentro muy incómodo en un terreno que en principio debería sentirme como un guante. La zona de sotabosc aquí es preciosa y un pelín más técnica de lo que esperaba, con alguna grimpada (cuando pensaba que sería más de ritmo), me recuerda a la parte más bonita del Montseny con el suelo cubierto de hojas. La parte final, más alpina y escarpada pero muy transitable, es una gozada y, aunque voy notando como poco a poco me voy quedando atrás, no se me hace nada insufrible a pesar del viento racheado, más cuando la gente lleva un buen rato ahí arriba para darte el último empujón. Coronando noto que voy un poco al límite, y ya calculando que lo que queda hasta Sancti Spiritu es bajada y que paso de largo el corte de tiempo, ahora sí, ahora me permito hacer la parada técnica.

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Ermita de San Adrián. Ya me gustaría bajar como estos…

El descenso a Sancti Spiritu es muy facilón e intento no forzar para llegar fresco y darme un homenaje, pero en ningún momento acabo de encontrar el ritmo que me lo permita. Comienza a aparecer cada vez más y más gente y uno me suelta: “ya verás lo que te espera”. Las ganas de llegar son tremendas, y me quiero regalar el paso por el suelo enrocado de la ermita de Sant Adrián haciéndola corriendo como harían los de delante… Pues suerte que no me pillaron con la cámara, porque vaya ridículo, parece que esté pisando las brasas de un hoguera playera en vez de hacer un descenso a muerte. Pillo al chico que llevo delante y decidimos hacer los últimos 500 metros tranquilos y disfrutando del ambientazo que se comienza a otear. Levanto la mirada… Y lo que veo es algo parecido a esto.

El Aizkorri te pone en tu sitio

… Flipante. Lástima que con el frenazo me de cuenta al instante que realmente voy bastante cascado, casi me ha sentado peor ir lento que mantener el ritmo. Y es que he pasado por el control en poco más de dos horas y media (45 minutos de margen… vaya tela) y al momento me viene a la mente el consejo que Santi me dio en su momento: mejor pasar en 3h12 y llegar fresco, que en 3h y agonizando. Pagaré muy cara la osadía.

Comienzo la subida por un suelo tan seco que hasta permite que se levante un poco de polvo. Voy realmente lento y, aunque me encantaría creer que es por voluntad propia de disfrutar de la locura de gritos enfervorizados que se me están echando encima, sé que muy a mi pesar no doy más de mí. A los pocos metros me encuentro a Vanesa, que ha llegado con tiempo de sobra desde la salida para vernos pasar a todos los corredores, le planto un beso, le digo que estoy bien pero que está siendo dura y sigo adelante. Levanto los brazos en señal de agradecimiento a todos los que están tirando de mí, la cabeza ya me cuesta más poder levantarla, y llego a la altura de dos aficionados que me empujan de tal manera que casi me hacen caer. Así de loco fue el momento. Estos 300 metros los recuerdo casi como si hubiera entrado en el centrifugado de una lavadora.

Tras una pequeña tregua (en cuanto a rampas y público), comienza de verdad lo duro. El sol ahora sí que se abre paso comenzando a afectarme y la subida se me va a haciendo interminable porque noto que me toca lidiar con la reserva durante 20 kilómetros. Me doy media hora para subirlo pero realmente comienzo a asumir que aunque sé que a trancas y barrancas llegaré a meta (no temáis por mí, suelo apearme del bus antes de pasar la línea que traspasa el sufrimiento lógico de la agonía inconsciente) lo de bajar de seis horas no va a ser posible porque me está cayendo una minutada y me adelanta hasta el apuntador.

Aquí es donde quizá los ánimos de la gente con la que me voy cruzando y sus suave- suave me vienen más de perlas. En mi plan a medio plazo de restringir al máximo la ingesta de geles (limitándolo solo a momentos de urgencia), me doy cuenta que esa alarma ya saltó al menos hace una hora, así que voy a por el primero de los finalmente dos que tomaré durante el día. La idea es tirar de avituallamientos y comida que no ponga en peligro mi estómago, llevo dos meses adaptándome y los cierto es que me está yendo de coña.

Sigo subiendo con tal punto de sufrimiento que hace plantearme parar en algún momento, aun así prefiero aguantar estos dos kilómetros a un paso arrastrado que comenzar ya a bajar la guardia. A falta de medio kilómetro vuelve a entrar el viento y la sensación de fresco aumenta, me viene de perlas. Un par de compañeros que me pasan me dicen que me junte con ellos que van suave-suave a 160 (pulsaciones). Lo intentó pero veo que ni aún así. Les dejo irse que yo ya estoy poco a poco buscando un ritmo de supervivencia adaptado a mi petada. Definitivamente, hoy soy yo el cadáver. Unos aficionados me dicen:”en el momento que veas la ermita, ya lo tienes, diez minutos más”. Y no se equivocan, comienzo a vislumbrar la ermita y ya sé que tengo la subida al Aizkorri en el bolsillo.

Me chivaron que había una zona de precipicio un poco antes de llegar a esa ermita que corona al Aizkorri. Habiendo pasado hace unas semanas un mal rato cresteando el Pedraforca no sabía cómo iba a reaccionar, pero la adrenalina hace maravillas: ninguna sensación de vértigo. Veo a un montón de gente esperando al paso de los corredores, y comienzan a llamarnos valientes a nosotros, cuando ellos llevan desde primera hora ahí pasando rasca… Bueno, la parte más dura de la carrera ya la hemos cubierto. Pero no la más técnica y eso viene ahora.

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Foto de prozis Trail Running

Del Aizkorri a Urbia, adiós carrera

Nada más comenzar a crestear en dirección al pico de Aketegi, el techo de esta Zegama, me maldigo enormemente por no haber sido un poco más conservador en la primera parte de carrera. Si llegas sin fuerzas, las zonas técnicas y las de bajada picadas te hace perder más tiempo del que vas a ganar, desaparece ese punto de seguridad y confianza que te permite arriesgar e ir a por todas.  Se me hace eterno, incómodo y bastante duro cada vez que me toca grimpear. La bajada a Arbelar aún se me da peor, hasta el punto de tropezarme y, en el ansia por no irme rodando abajo, encalambrarme el muslo. Tonterías, las justas, David. Olvídate de proezas, busca sensaciones cómodas y suave-suave hasta meta sin pensar en el crono (que en ese momento calculo que se me va a ir a las 6h30’… vaya tela…).

Por el perfil de la ruta, el camino de Arbelar a Urbia, debería ser uno de los tramos más apacibles de la carrera, ideal para ponerte a correr sin problemas. Tanto, que en los días previos me lo imaginaba como una suerte de bucólico valle inacabable semejante a las zonas más tranquilas de la Ultra Pirineu. Por suerte, Santi ya me avisó que lo de desnivel cero… cero patatero. Es un tramo corriolero majo pero bastante rompepiernas, en el que si llegas sin fuerzas se te puede hacer muy largo. No se equivocaba. Aunque poco a poco voy recobrando sensaciones, me resulta matador los cortos pero intensos repechos y los tramos de roca escarpada que te ningunean un poco de tranquilidad. En uno de ellos me encuentro a unos aficionados talluditos que entre sus cánticos me vuelven a soltar lo del suave-suave y les digo que en mi tierra lo traducimos como xinoxano y compartimos un buen rato intentando que no se les atragante al decirlo. Disfruto de estos momentos, síntoma de que no voy tan mal. Lo mejor de este tramo es que en el avituallamiento de Oltze hay unas palmeritas de chocolate que me saben a gloria, las pillo a pares y me regalo 300 metros caminando mientras me deleito con ellas. Mano de santo.

Andraitz, como Murcia: qué hermosa eres

Ese paraje idílico imaginado se hace realidad al divisar al fondo Urbia y contemplar la cantidad de gente que se ha movido hasta aquí. La subida a Andraitz, y no sé por qué, le tengo unas ganas increíbles y es tal como me la describieron: la agradeces enormemente tras unos kilómetros tan perros como han sido los anteriores. De desnivel tendido pero progresivo, se hace a paso firme y ritmo constante… A no ser que seas Stian Angermund y la subas como si fuera un falso llano.

Aunque siempre prefiero pensar en negativo para que la realidad luego no sea tan dura, aquí me aferro a un pensamiento positivo porque no me queda otra. Sí, soy de los que si tienen que elegir entre el helado de limón y el de chocolate, se decide primero por el que menos le gusta. Luego pasa que te toca degustar el bueno y éste se ha derretido. Como metáfora queda de puta madre, pero como actitud vital es una puta mierda.

El entorno es MARAVILLOSO y abierto y eso repercute en que la suba lento pero mucho más confiado y alegre. A medio camino me encuentro con Chorletas (de Territorio Trail) al que le pregunto si sabe algo de Santi. “Lo último que sé es que Rosa me había dicho que faltaban ocho minutos para el corte y aún no había pasado”, me cuenta… Intento aferrarme a lo de “mejor pasar fresco en 3h12′ que en 3h y agonizando” aunque sé que llega mermado de fuerzas tras haber pasado un episodio febril un par de noches antes. No hace buena pinta.

Bajando a meta, ni yo me lo creo

Ahora ya sí, ahora toca bajar hasta meta. Pero no va a ser un descenso tan kamikaze como preveía y me gustaría. Son doce kilometros que se van haciendo eternos al no haber ya tanta gente por los aledaños (la mayoría ya ronda la línea de meta para ver llegar a los corredores; eso sí, todos los voluntarios no paran de llevarte en volandas aunque tú no estés para tirar cohetes), porque el entorno no aporta ningún aliciente a la vista (bastante monótono) y porque algunos tramos son rápidos pero requieren de algo de pericia y no estoy para completarlo todo en la hora y cuarto que es lo que me faltaría para bajar de las seis en total. Además una serie de tachuelas mamonas van rompiendo el ritmo; alguna de ellas, como la que hay partiendo del avituallamiento de Itzubiaga, no me veo con más voluntad que la de hacerla caminando aunque por pendiente se podría superar perfectamente corriendo.

Es justo ahí donde alcanzo a Borja, un amigo de Vanesa de cuando hizo el camino de Santiago, que viene de Bilbao y hoy los calambres le está pasando factura. Miro de darle ánimos antes de seguir adelante. Desde el segundo tercio de carrera ha sido una constante, corredores que hincan la rodilla por el insoportable bochorno que a ratos se hace presente.

Se me comienza a hacer bastante largo lo que queda hasta el punto que me descuento y cuando creo que ya voy por el km 37 aparece el cartel del km 35… Bueno, se trata de llegar con la mejor cara posible a meta, que al menos se vea que algo se ha disfrutado.

Y en esas que aparece un chico que nos chiva que solo nos falta un falso llano de unos 500 metros hasta el siguiente avituallamiento y que luego ya es todo bajada pistera y fácil. Me da por acelerar, tomar rápido el vaso de agua (en ninguno fallé y eso que no paré de beber de mi bidón, indicativo del calor que hacía) e ir a buscar desesperadamente la marca del km 38 para hacer mis cálculos. Pues… oye, que si acelero para recuperar un minuto y medio quizá, solo quizá, haya alguna posibilidad de bajar de las 6 horas… Madre mía, si con la petada de hoy aún tengo oportunidad de cumplir con el objetivo, si hubiera corrido con cabeza hasta podría habérmela jugado con unas 5h30′ o algo parecido.

Decido aceptar el reto e ir a muerte hasta meta, en el primer kilómetro ya recupero 45 segundos, pero en el siguiente comienzan a aparecer algunos repechos que hago como si me fuera la vida pero que solo me permiten arañar 7 segundos más. Me da rabia pero todo tiene la pinta que voy a morir en la orilla. Aun así, no desisto y apreto más,  insulto cada repecho que aparece, blasfemo con cada giro cerrado que hago casi derrapando, escupo en cada cada carril estrecho que me obliga a jugarme el equilibrio.

Y voy pasando a un puñado de corredores, entre ellos a un pobrecillo que me encuentro haciendo un Dumoulin en medio del camino con los pantalones bajados… No se pudo aguantar y lo hizo ahí en medio (luego me contaría en plan medio jocoso, medio resignado, que ahí perdió la posibilidad de bajar de las seis horas).

Cuando piso asfalto creo que ya tengo lo más complicado hecho, pero el último kilómetro aún me guarda algunas sorpresas en forma de repechos mamones y alguna curva paellera que me obliga a frenar en seco. Voy a todo lo que puedo y hasta un poquito más, me arde el pecho y me lamento de no haber sacado tiempo el día anterior para haber inspeccionado los kilómetros finales y así situar la meta y obrar en consecuencia. Veo que voy a entrar al pueblo y llevo 5h57′. El trayecto me obliga a hacer un rodeo en lugar de ir directo a la plaza pero sé que, salvo sorpresa, no van a ser más de 200 metros extras: esto está hecho y bajo un poco el ritmo intentando disfrutar del ambiente que se respira en este tramo vallado que esta mañana me había sacado la lagrimita. No me lo puedo creer, voy a bajar de las 6 horas cuando 20 kilómetros antes me había dado por desahuciado. No puedo contener la alegría y paro para hacer los últimos pasos caminando echándome las manos en la cabeza. Pura euforia.

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Aún ya intuyendo la respuesta, le pregunto a Vanesa qué tal le va a Santi y me hace un gesto de negación. No se ha encontrado bien y le han cortado en Sancti Spiritu. Mi fin de semana perfecto contemplaba deshacer los últimos kilómetros con la cámara para animarlo y felicitarlo, tal y como me lo encontré el primer día que nos cruzamos haciendo la Marató del Montseny.

Me quedo un rato recuperándome, pregunto por los primeros que parece ser que han roto todos los récords de la prueba (si no te pillaba el sol hoy se corría muy rápido), charlo animosamente con otros que van llegando y me marcho realmente satisfecho de la zona de meta comprobando que la bolsa de finisher está repleta de productos locales en lugar de la sempiterna camiseta o medalla (sidra!).

Zegama iba a ser una vez en la vida y así se queda. ¿Por qué? Pues porque hay que dejar paso al resto de corredores que también se merecen su oportunidad. Es como cuando ves esa peli que te ha dado un vuelco al corazón y arrastras a los colegas para que vivan las mismas sensaciones ya que intuyes que con un segundo visionado quizá te lleves un chasco (aunque creo que aquí eso no sucedería). También porque tengo unas ganas tremendas de pasarme al otro lado y ser yo el que con mis ánimos te ayude a dar otra zancada más coronando el Aizkorri. Y, finalmente, porque hay un montón de aventuras, de montañas y de carreras aún por descubrir.

Zegama es vuestra ahora. Ojalá, todos los que la améis con locura tengáis la misma suerte y dicha que yo he tenido este año.

67 Respuestas a “Zegama-Aizkorri: la pseudocrónica

  1. Gracias David. Algún día. Lo decidí hace 2 años. Aún no ,es pronto. Pero iré. Tremendo escrito amigo. Gracias.

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  2. Brutal David.
    La volveré a leer, y más de una vez.
    Zorionak

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  3. Qué grande eres David! Mi más sincera enhorabuena, vaya carrerón te has marcado. Absolutamente genial leer tu crónica, como siempre!
    Mil gracias por compartirla crack.

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  4. Un gustazo leer tu crónica. Transportas la Zegama más “real” para todos aquellos que no han podido correrla. Me alegro por tu experiencia!

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  5. josep maria fuentes

    Seré tonto pero a la meva edat ja res em fa vergonya… tinc els ulls humits i m’ha emocionat la foto de la teva arribada. Jo mai faré una marató de muntanya… amb una mitja em conformo, però Zegama ja l’he fet… amb tu i el teu relat.
    Gràcies gran crack!
    Ah… Ni t’ha quedat sosa i… jo també la tornaré a llegir!

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  6. Fco. Javier Fernandez

    ¡Que gran crónica! Me has tenido enganchado hasta el final. Y vaya fotos para el recuerdo. Te lo mereces ¡Felicidades!

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  7. Eres el puto amo en esto de contar carreras tío. Gracias.

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  8. Vaya pues, parece que te ha gustado la excursión por lomas euskaldunas eh David? jejeje….brutaaaal!!
    Supongo que eres consciente de la envidia sana que produce el leer tus andanzas y vicisitudes de esta pedazo experiencia!! …y por supuesto, agradecido de que la compartas y revivas con ese entusiasmo que evidencía la intensidad con que la has sufrido y disfrutado. Zorionak!!

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  9. Silvia Rodríguez de la Gándara

    Me he sentido tan identificada contigo, trasladando tus sensaciones de esta carrera a la Maratón de Barcelona, yo a mi edad ni soñaba en hacerla y este año me salió la oportunidad. Sufrí mucho, los últimos 12km con rampas, pero el cruzar la meta con 5’40!!! Fué una sensación brutal, como brutal es la foto de tu llegada…
    Un placer leer tus escritos David, eres muy grande!!!
    Felicidades!,

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    • Es justamente eso. Cada uno, en su distancia, terreno y características, vivimos las mismas sensaciones cuando corremos con un objetivo en mente. Me alegro que te hayas sentido identificada.

      Salud!

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  10. jose maria fuentes ros

    Per cert… David… amb la teva experiència en fotografia!… Al vídeo hauries d’haver deixat passar, o avançar, gent i sortir més sol! hehehe Els que no l’hagueu trobat… al 14’30”

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  11. ¡¡¡Super crónica!!!
    Enhorabuena y nuestra felicitación desde el club de runners de Quatre Camins. Un abrazo.
    Antonio

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  12. Posiblemente, tu mejor crónica! Enhorabuena capo.

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  13. David,
    és molt més probable que em passi a la pista abans que a la muntanya, però sàpigues que si algun dia ho faig segurament tú hauràs tingut gran part de culpa. L’enhorabona per la teva magnífica cursa i per l’experiència viscuda. Ha estat emocionant llegir-te, per una vegada parlant de tú mateix. Una abraçada!

    PS Estás boig, veig que t’has apuntat als 10 Blaus. Per tú és una cursa d’asfalt, però per mí, “el rei del pla”, és de muntanya. M’he apuntat per culpa teva. Aixi que s’agrairà que em facis de llebre a les dues pujades per Pi i Margall i Sardenya! 😉

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    • Ei, Antoni. Doncs ja et dic que la muntanya o s’estima o s’odia. Però com t’agafi de bones… mola molt.

      Sí que vaig als 10 Blaus, cursa mooolt maca. A veure com estic de cames, que encara estic amb agulletes i aquest cap de setmana tinc Primavera Sound!

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  14. Impresionante crónica, David. “Gallina de piel”, en esta te has superado.

    Aunque mis retos son más “triatléticos” la carrera de montaña engancha. Empecé como asfaltero radical por la tontería de las marcas, pero para hacer kilómetros y para evitar lesiones empecé a correr por tierra y por montaña y aunque sea más duro no hay color. Bajar rápido por un sendero técnico evitando raices y controlando la pisada aunque las piernas se te vayan es una experiencia mucho más gratificante que hacer Km en asfalto.

    Zegama es un reto mayúsculo en el que había pensado pero tras tu experiencia lo pongo en mi lista. Lo que he ido apuntando en esta lista, desde Behobia, Triatlón de Montaña, Maratón, Ironman 70.3… ya lo he conseguido cumplir. Falta el Ironman completo y el Maratón de New York que son objetivos que van por delante, pero Zegama SI o SI va a caer.

    Enhorabuena por disfrutarlo, gracias por contárnoslo y emocionarnos de nuevo con tus crónicas y consejos para las carreras (y gracias mil de nuevo por las fotos y los ánimos que nos das a los que somos más lentos que tú)

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    • Gracias, Sixto,

      Hombre hacer un Ironman 70.3 ya es realmente algo a muy tener en cuenta, eh! Y las triatlones de montaña también tienen su punto de dureza que déjate ir! Yo de maratones de asfalto tengo el sueño de correr algún año Boston… aunque no le haría ascos a Nueva York.

      Salud y nos vemos o por la montaña o por las calles

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  15. Uauuuuu que pasada de cronica !! Leyendola es como si hubiera hecho la Zegama yo, y sin cansarme !!!.
    Eres un tio muy GRANDE amigo ! Orgulloso de tenerte como amigo.
    Esa cronica guardala en el lugar de los tesoros !! Cuando seas un viejete y estes jubilado, podras leerla y re.leerla y asi volver a vivir esas casi 6 horas maravillosas.
    FELICIDADES CRACK !!!

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  16. josep gonzalez plaza

    David, quan desitjava llegir aquesta crònica, llagrimas als ulls d’emoció i bavejant tota la estona d’enveja, gràcies per compartir-la i felicitats de nou per la gran cursa. Una abraçada

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  17. David,
    Sense paraules. El putu-amo. Hi tenia en ment però ja m’has fet decidir. Jo vull fer Zegama una vegada a la meva vida i poder viure desde dintre el que ens has fet viure llegint el teu post

    Moltes felicitats crack

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  18. Muchísimas felicidades David; por haber disfrutado tanto, por cumplir tus metas y por tener tanta gente que te apoya y te desea lo mejor (esto te lo ganas a pulso día a día)

    Muchísimas gracias; por hacernos disfrutar con tus crónicas (sobre todo esta), por tu generosidad en tantos aspectos y por enseñarnos un camino que muchos seguimos a nuestra manera (aunque no se si eres consciente de ello)

    Zorionak, eskerrik asko… y la misma pregunta que haría a Jornet estos días ¿y ahora… que? 😀

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    • De verdad, gracias a vosotros por aguantarme, por soposrtar mis tochos y tener hasta el detalle de dejar un comentario. Moláis mucho.

      Sobre el futuro: pues ni comienza ni se acaba con Zegama, me quedan taaaaantas por hacer: este año repito Ultra Pirineu, Catllarás, Bisaura y Collserola; el que viene Trencacims y Matxicots; más adelante Lavaredo… Y montaña habrá siempre 🙂

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  19. Simplement ENHORABONA!!! per les dues coses. Una cursa q te l’has currat i patit, i una crónica espectacular, molt be descrita(com et pots enrecordar de tant de detalls!?) i clarament sentida com algo molt especial.
    Ara a disfrutar i valorar lo q has fet. Per cert, ara qualsevol cosa es queda curt, no?

    Salut i Kms

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    • Ui, encara en queden de curses que sé que en van molt grans i que a dia d’avui, i crec que per sempre, no m’atreveixo a fer: Ronda dels Cims, Montsec, quasevol alpina per sobre de 2.000 metres… Xinoxano

      Salut, Pere!

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  20. Genial, David!
    Buena carrera, estupendo texto y emocionantes fotos.
    Muchas felicidades y buena recuperación.
    Un fuerte abrazo,
    Pablo

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  21. Como de un buen libro se trata he decidido desgranarlo poco a poco, mas por falta de tiempo que por ganas que las ojeras son malas compañeras en mi jornada laboral. Hasta donde he podido leer, me ha llamado la atención un detalle que hasta ahora o no había sabido verlo o lo has mantenido fuera de plano por decisión propia, ella, tu pareja. He de reconocer que haceis una pareja perfecta, espero que asi sea durante mucho tiempo.

    Cuando pueda continuar, seguiré devorando las palomitas dulces o eran saladas las que tenian que ser.

    Me encanta como escribes David, pero más me encanta la pasión que le pones al hecho de disfrutar de esta bendita locura nuestra.

    Salud y km

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    • Creo que no he metido más giros de guión en el texto más allá de los propios de la carrera, jaja

      Llevamos ya un buen tiempo juntos 🙂

      Espero que disfrutes de resto del texto. Salud, Himly!

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      • Alejandro Villaverde Calero

        la leche David, no se que te ha costado más tiempo, si entrenar la Zegama, correr la Zegama, redactar la crónica O RESPONDER A CADA UNO de todos los que te hemos comentado que nos ha encantado la crónica.

        Eres un crack en todos los aspectos.

        Saludos

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        • Rascar aunque sea dos minutos de las tareas para responder a los comentarios es lo mínimo que puedo hacer para agradeceros el detalle de perder el tiempo en leerme y decir la vuestra.

          Tardaré unas horas o un día pero soy firmemente militante en mantener estos lazos entre todos 🙂

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  22. B-R-U-T-A-L. Impresionante la experiencia y emocionante tu crónica. Se me ha puesto la piel de gallina leyéndote. Ya sabíamos todos que eres un crack, pero ahora estás ya en otro nivel sólo reservado a los mejores. ¡¡¡EL PUTO AMO!!!
    Muchísimas felicidades tío grande.
    Un abrazo.

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  23. Moltes Felicitats, David !!
    Potser la carrera no ha sortit tan ràpida com voldries però l’experiència viscuda segur que ho compensa tot.
    I si t’ha tocat plaça al segon intent, segur que és justícia divina. Una manera de premiar tota la divulgació que fas amb aquest magnífic blog, i aquestes cròniques que ens fan sentir com si nosaltres també estiguéssim corrent.

    P.D: Al setembre m’estrenaré a Bellver, a la Marató del Pirineu. Si ja en tenia, ara ja estic motivadíssim 😉

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    • No et negaré que una mica rabiòs si que estava al dia següent sabent que podia haver rebaixat bastant el crono però, escolta, que un sub6h el firmava amb els ulls tancats un mes abans. Així que content amb la marca i l’experiència.

      Salut Sergi, ens veiem el setembre al Cadí (jo liat amb l’Ultra)!

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  24. Brutal David, casi me haces saltar la lagrimilla. Tús crónicas son la ostia, pero esta te ha quedado redonda. Nosé si alguna vez me meteré en un berenjenal así, de momento me conformaré con behovia 😉 Un abrazo!!!

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  25. -Molt maca i amb un gran final, t’ho has guanyat!
    -Llàstima del Santi ell també ha lluitat molt per això
    -Ara q fa pocs dies q ho has fet i un cop recuperat del Primavers Sound ja podries fer els “Consejo Exprés” aqui si podrem aprofitar la teva experiència els q somiem algun cop poder fer -la
    Tal i com fas tu descrivint cada km, totes les pujades amb els seus secrets etc…
    -Repetieixo Felicitats (la cara de l’arribada ho diu tot) i Enhoraboa (gran crono)
    -Llàstima q en el meu calendari aquest any no encaixa però pel q veig esteu preparant una bona pel Trail de Bisaura

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    • Hola, Alex,

      Gràcies, ha estat patida pe`rò ben digna!

      Molta llàstima el percance de salut que va patir Santi a dos nits de la cursa (crec que fruit dels nervis, jo també he passat alguna vegada pel mateix). A veure si en el següent intent és la bona.

      Aquest any estem a Bisaura (també va el Ruzakena la L i la Vane a la S), però cauré a catllaràs, Fonts del Montseny, Ultra Pirineu… En alguna segur que coincidim.

      Salut

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  26. Moltes felicitats David. M’has plantejat un repte que no coneixia i ho has explicat amb tanta emoció i sinceritat que només em queda que intentar algun dia ser jo el prota d’aquesta bonica historia. El fotograf altruista de les carreres que acostumo a fer mereixia tenir unes fotos com les que t’han fet en aquesta proesa. Gràcies crack!!!

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  27. Gran crònica, David. Me n’alegro que la gaudissis-patissis tant en el teu estil. Gràcies per compartir-ho.

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  28. Hola David, enhorabuena por la carrera y gracias por la crónica! Recuerdo que fuí quien te advirtió que te había tocado el sorteo porque me estuve buscando en la lista y luego miré a “conocidos” entre los que estabas tu.

    A parte de tus guias y fotos, también te sigo porque tienes un nivel similar al mio, un poco mas quizá, así que me vas perfecto como referencia si quiero mejorar mis tiempos. En la ultrapirineu intentaré seguirte! 

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    • Te imaginas que, con la empanada y sin vuestro aviso, dejo paar la oportunidad de ir a correrla… No me lo hubiera perdonado en la vida, así que te debo una, jaja

      Oye, pues nos vemos en Ultra Pirineu, este año a ver si llego son tanto estrés y la puedo correr a gusto. El objetivo es acabarla pero creo que un sub20h está al alcance.

      Salud!

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  29. jose maria fuentes ros

    Em preguntava una cosa que pot semblar tonta però que, per a mi, no ho és gens. Com tries l’equipació per una cursa així? Com decideixes quina samarreta, quins pantalons, quins mitjons…quines vambes et posaràs?
    És una cursa que es fa una vegada a la vida (el Killian més, però ell no compta!) i tot ha de ser important i amb pes específic, no?
    Per cert… coneixes algú que passa cap allà el 1’45”?

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    • Previsió meteorològica, + tipus de terreny + distància + quantitat, qualitat i situació dels avituallamets + material obligatori.

      A partir d’aquests factors decideixo si porto més o menys roba o material. Quant més llarg, més còmoditat busco; i quant més dur, més seguretat.

      Salut

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  30. Como siempre en tus crónicas, ESPECTACULAR !!! Que enviiiiiidia !!!!
    Seguro que aún sufriendo disfrutaste a tope… A ver si el año que viene tenemos suerte! Nos vemos en UP.
    Felicitats !!!!!

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