Mediados de agosto, acabo de bajar de la cima del Taga febril y medio delirando (viva las vacaciones con 38 de fiebre) y para rematar la jugada recibo un mail en el que me dicen que es mi turno en la lista de espera y que si quiero puedo participar en la Ultra Pirineu.
Pues, mire usted: NO, no estoy preparado, ni con ganas de meterme semejante palizón justo ahora mismo que me están metiendo en vena suero para recobrar el pulso.
Y aquí estoy, llevándome la contraria y diciendo SÍ un día antes de que caduque la oferta…
Sigue leyendo
