Si por algo destaca un festival como éste de Sitges es por tener un publico con un estómago sólido como una roca (imprescindible cuando la protagonista absoluta es la casquería) y por aguantar (a menudo con respeto, en ocasiones con humor y alguna que otra vez soltando más de un improperio) cualquier cosa que le echen. ¿Cualquier cosa? Bueno, siempre hay aquella película infumable y/o incomprendida que es premiada con el peor de los insultos que un espectador guarda en la recámara: la huida en masa. Sigue leyendo
