Sónar 2011

Una guía en dos partes (primera y segunda), un par de artículos previos (James Murphy y OFFFmàtica) , otro par de crónicas (viernes y sábado), y una entrevista a Buraka Som Sistema. Y muy pocas horas de sueño.

VIERNES

El hip hop reina en la jornada de los dilemas

Atmosphere, Dizzee Rascal, Dominique Young y Die Antwoord triunfan en un día con tantas cosas buenas como poco tiempo

¿Zinc o Agoria?, ¿Atmosphere o Katy B? ¿The Human League o Cut Copy? ¿Aphex Twin o Die Arntwoord? ¿Papá o mamá? En el marco de un festival icono de la música electrónica como lo es Sónar, entra dentro de la lógica este tipo de dilemas. Pero lo de la jornada de ayer tal vez fue un exceso de solapamientos que hará maldecirse a más de uno si no es que lo convierte en esquizofrénico. Demasiados artistas apetecibles, demasiado poco tiempo.

De día

Mientras el francés Agoria daba rienda suelta a su techno melódico en el SónarVillage -sorprendiendo con una sesión más quema zapatillas de lo que se presuponía tras su reciente disco Impermanence– el veterano Zinc reclamaba su parte de gloria en el auge de la ‘bass music’ en un Dome lleno hasta la bandera. En ese mismo escenario, Katy B, la nueva niña de los ojos del pop urbano británico, no defraudó, más que nada porque con canciones como las coreadas Perfect Stranger o Katy on a Mission es muy difícil echar abajo un concierto.

A la misma hora, Atmosphere conseguía retener la sangría de público con un show vitalista y un MC, Slug, que es todo carisma. El Hip Hop de los de Minneapolis engancha porque habla de lo que tú, yo y todos hacemos, siempre desde el desgarro y el sentimiento.  Tras ellos, Four Tet mantuvo la tónica de la jornada apuntándose al carro del ritmo y marginando sus producciones más pausadas. Breaks, melodías puntillosas y etéreas que esquivaron perfectamente el temor de que su detallistas producciones se disolviesen en un escenario al aire libre como el del patio del MACBA.

Para cerrar el día, Dominique Young Unique, con tan sólo 19 años fue capaz de poner de vuelta el Village con su rima anfetamínica y unas bases que tanto bebe del ghetto tech como samplea con orgullo a Stevie Wonder en The World is Mine o Suzane Vega. Arrasó ante el asombro del personal. Y eso en tan sólo 30 minutos.

De noche

Cómo es costumbre, Sónar volvió a dar un salto hacia atrás en el tiempo. The Human League convencieron al poco público que no se dejó engatusar por los cantos de sirena del espectacular directo de los australianos Cut Copy. Con pulso de veteranos, Phil Oakey y sus chicas dejaron sus joyas ochenteras para el final: Mirror Man, Don’t You Want Me y Lebanon. Bonito, nostálgico y efectivo.

De vuelta a nuestros días, Munchi hacia los honores de preceder el show de M.I.A., con una sesión llena de ritmos tropicales y referencias tanto a la cumbia como a Kraftwerk (con una curiosa versión del Tras Europe Express). En resumen, un Diplo bajo de beats pero igual de bailable.

Pero vamos al plato fuerte. La vuelta al Sónar de M.I.A., la reina de los nuevos ritmos, debía recompensar la espantada de 2008, cuando canceló su visita al festival alegando cansancio crónico. Lamentablemente, tras la actuación de ayer, aún nos sigue debiendo algo. A M.I.A. le faltó puntualidad (30 minutos de retraso) y le sobró ambición. Eso, por no hablar de un sonido desastroso que no se puede achacar en ningún caso a la organización (sin ir más lejos, The Human League sonaron perfectamente en ese escenario). Curiosamente, las canciones más distorsionadas y sucias, las de su último disco, fueron las que mejor sonaron -sobre todo un Born Free con una controlada invasión del público incluida-.

Otra vez como tapado, a Dizzie Rascal le tocó bailar con la más fea al competir en horarios con M.I.A. Sin embargo eso no le impidió confirmar que su actuación del año pasado no fue casualidad. Salió sin complejos al SonarPub con media pista vacía y a fuerza de palabra, brinco y sudor arrasó al personal. Tanta era la locura que hasta la mesa del dj se fue al suelo. Pero no importó porque en dos ediciones ha conseguido granjearse un lugar entre la familia del festival. Conocidos y ajenos aman a Dizzie y éste, consciente de ello, guardó para el final la guinda a tanto descontrol: Bonkers.

Así estaban las cosas, cuando salió el chiflado de Steve Aoki. Decir que soltó  su tralla habitual (es difícil contar cuantas canciones tomó prestadas de Bloody Beetroots) es decir nada. A este norteamericano con pintas de psicópata hay que vivirlo porque luego es difícil contar cosas como ese momento absurdo con una chica del público haciendo crowd surf subida a una barca hinchable.

Menos chalado pero aún más impredecible, Aphex Twin hizo lo que se esperaba de él, o sea, lo que le dio la gana y más, como mostrar un repertorio lleno de novedades musicales. El autor del trascendental Selected Ambients Works y de canciones como Windowlicker aterrizó en el Club con un show visualmente espectacular (potentes láseres e imágenes termográficas entre otras lindeces), que era lo único que le faltaba para rematar una propuesta musical que ha sido santo y seña de la electrónica de las dos última décadas.

De vuelta al SónarPub, Die Arntwoord se salía con la suya presentando los temas de su exitoso álbum  $O$ en olor de multitudes. Los surafricanos sorprendieron al personal con sus rimas alocadas (guiño a Enya incluido), mucho morro y una estética entre lo magnífico y lo soez coronada con un muñeco hinchable de Casper con una impresionante…. para acompañar la lasciva Evil Boy.

Los que pudieron aguantar de pie hasta el final tuvieron su recompensa en el espectacular cierre que tenía preparado el festival en sus cuatro escenarios. Remataron la noche el impecable y avasallador show de Boys Noize en el Club, la sesión old school y funk de James Murphy (uno de los pocos fieles al vinilo, a pesar de que las agujas le diese algún disgusto), la turmix rítmica de Tiga en el Lab y la verbena festiva de Schlachtbronx en el nuevo y flamante SonarCar, donde horas antes, la imagen del festival, Charles Samaniego, se dejaba ver para delirio de los presentes.

SÁBADO

Janelle Monáe y Underworld rubrican un fenomenal sábado

El festival cierra sus puertas con 79.000 visitantes y un alto nivel artístico
 

Sónar echó el cierre ayer a su mayoría de edad con una protagonista que sacudió el recinto de la Fira bien temprano: Janelle Monáe. Sólo por ese concierto, el festival ya se puede perdonar el pequeño descenso de visitantes, 79.000 personas, una cifra algo inferior a la del año pasado pero que entra dentro de las expectativas de la organización. Aunque, a decir verdad, no mencionar la calidad de las actuaciones de Underworld, Jackmaster o Buraka Som Sistema sería injusto con la enorme calidad del sábado noche. Lo mismo que pasar por alto el nivel mostrado por otros artistas como Actress o Apparat por la tarde.

De día

Tras los fraseos de Yelawolf, el aspirante a desbancar a Eminem del trono del hip-hop blanco, la tarde empezó a encarrilarse con el potente directo de Apparat versión instrumental. Sascha Ring olvidó la soledad electrónica y acompañado de tres músicos revistió sus temas y aprovechó para presentar otro que seguramente estarán incluido en su próximo álbum con unas capas oscilan entre el pop atmosférico de Radiohead en Kid A hasta el post-rock de grupos como The Antlers o los más lejanos Sigur Rós.

Lejos de la frialdad conmocionadora de Apparat, en el SonarVillage se vivía una fiesta de escándalo. Sin demasiado arte pero con mucha gracia -sobre todo por unos bailes de aúpa-, Shangan electro ofrecieron su particular mezcla sudafricana entre King Africa, Vuvuzela y Omar Suleyman.

Otra vez de vuelta al Sónar Hall, Actress presentó su reformulación del techno. Si las expectativas depositadas en el proyecto de Darren Cunnigham ya eran de por si altas, tras la publicación del aclamado Splazsh, su actuación en el SónarHall las confirmó y llevó a un nivel superior. Juegos de luces, brumas y, claro, la descarga de techno rítmico con los tempos marcados a la perfección.

De noche

A primera hora de la noche, se presentó Chris Cunningham con su propuesta a medio camino entre el concierto y el videoarte. Recicló varias de sus obras visuales y las mezcló con un contexto sonoro que iba del ambient a lo extremo parar llegar a su punto culminante con una reformulación del Rubber Johnny sólo apto para estómagos duros. Una actuación de esas que dan sentido el término música avanzada que apellida a la cita.

Al otro lado festival, lo que hizo Janelle Monae en el SonarPub no fue un concierto, fue un espectáculo. Se abrió el telón y ahí estaban más de una docena de músicos, todos vestidos para la ocasión. De repente, aparece ella entre sus bailarinas y a fuerza de pasos de baile milimétricos, una teatralidad profesional y esa voz que hace perdonar que el sonido estuviese saturado empezó a mandar a su manera. Rompió con la única norma del Sónar de noche  -esa que dicta que hay que bailar a todas horas- y marcó los pasos a su ritmo: ahora os sacudís ante mi apuesta soul-funk, ahora admiráis como lo hago yo. Estuvieron sus hits Cold War y Tightrope, aunque el golpe encima de la mesa llegó cuando se puso a la altura de Michael Jackson para cantar el I Want You Back de los Jackson Five. Sí, tenemos sucesora para la corona del Pop.

Tras acabar la joven promesa de la música negra, se produjo un éxodo masivo hacia el SónarClub. Ahí esperaban Underworld, preparados con un directo que se puede definir con la célebre frase que utilizan tan a menudo los dependientes y dependientas de grandes almacenes: “lo que ves es lo que hay”. Sí, Karl Hyde y Rick Smith no engañan: ofrecen techno noventero que roza el trance. El show de ayer, sobrio como de costumbre, se basa en sus hits quema zapatillas (Abrieron con Rez y Cowgirl, ni más ni menos) y pequeños coqueteos con sus nuevos temas como Always loved a film o Scribbled. Sin embargo, todo el mundo sabe que hay un momento clave y ese llegó al final. Born Slippy, con Hyde encamarado a una plataforma y gesticulando como un operador de pista de aterrizaje, prendió la mecha para lo que vendría después.

Menos robotizados estuvieron Africa Hitech, la nueva joya del Sello Warp, que se mostraron más que solventes con su electrónica rítmica y tropical. Todo bien picadito para cocinar la fiesta del arrollador show de Buraka Som Sistema, que arrasaron en un Pub donde no cabía un alfiler con un espectáculo directo a los pies y que buscaba la complicidad del público y con una ristra de hits que parece no acabar en su próximo disco Komba.

Con semejante cantidad de público, pero bastante más diluido estuvo el esperado live de Paul Kalkbrenner. Un minimaltechno muy en la línea al que ha llevado a BPitch Control a hacerse un nombre dentro de la escena europea, aunque esta vez alzó el vuelo en contadas ocasiones.

El dubsteps no acaba de enganchar

Hechos los preliminares, era la hora del dubstep. El ritmo de la década se ha consolidado en esta edición con actuaciones de nivel aunque a veces deslucidas por ser un género que atrae a fieles pero no a masas. Eso se pudo comprobar con Magnetic Man, el supergrupo de productores de dubstep (formado por Benga, Skream y Artwork) que ha llevado al género a copar las listas de ventas pero que al final sólo logró llenar la mitad de la sala. Aún así, I Need Air y Perfect Stranger consiguieron enloquecer al personal.

Y si lo que se buscaba era baile desenfrenado, eso se obtuvo en el showcase del sello Numbers con las actuaciones de la apisonadora sonora de Spencer, un excelso Jackmasters, y el acid techno inclemente del italiano Lory D. Triunfaron como sólo saben ellos: mandando en la pista con un discurso sin corsé estilístico alguno.

Mientras Surgeon daba una clase de veteranía techno acercando todos los polos más distantes en un sonido único. Finísimo en las mezclas como es de costumbre, el cirujano inglés sabe encontrar la justa medida entre la modernidad y el clasicismo electrónico para poner la rúbrica a una edición de calidad contrastada.

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