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Si me quieres, no me regales un libro de running

Es cierto, tengo un problema ya que… odio los libros. Bueno, no reniego precisamente de los libros sino todo lo que los rodea: personas normales que se vuelven en insufribles ególatras al poner tinta en blanco, lectores amargados que solo consumen literatura para echárselo a la cara al resto de mortales en vez de disfrutarla por si mismos, y una industria que esconde sus miserias y ata en corto subvenciones y beneficios apoyándose en un adjetivo al que hace mucho que le usurparon todo su sentido: cultural. Sigue leyendo

Te lo imploro, no me regales otro libro de running

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Parecía que el boom de la literatura sobre running iba a menos… Y un rabo, esto no hay quien lo frene: estantes llenos de libros por y para corredores que rellenan ese vacío existencial mientras intentamos encontrar una nueva filosofía de vida que se pueda plasmar en ciento y poco páginas y, sobre todo, comerciar al por mayor.

Deja que te chive una cosa: aunque parezca imposible los corredores también podemos leer otra cosas que no sea plañideras desafiando el horizonte vestidas de flúor, si les regalas una ración de Dickens hasta puede que se lo pasen pipa (puede, eh, que cada uno es un mundo y en esto del running hay desde devotos del Bosón de Higgs hasta los que le hacen la ola a Rafa Mora). Pero, vamos, aunque el 90% de la obra runner sea para dar solución a la cojera de las mesitas de noche siempre hay un ramillete de excepciones que valen mucho la pena.

Pero te juro que no serán éstas que te presento ahora mismo (ni las de  la primera lista de recomendaciones literarias).

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Si me quieres no me regales un libro de running

Si me quieres no me regales un libro de running

Es cierto, tengo un problema ya que… odio los libros. Bueno, no reniego precisamente de los libros sino todo lo que los rodea: personas normales que se vuelven en insufribles ególatras al poner tinta en blanco, lectores amargados que solo consumen literatura para echárselo a la cara al resto de mortales en vez de disfrutarla y una industria que esconde su mediocridad y ata en corto subvenciones y beneficios apoyándose en un adjetivo al que hace mucho que le usurparon todo su sentido: cultural.

Soy un intento fraudulento de corredor, pero antes que eso me llamo David y, aunque no lo creas, además del running también me gusta caerme en la espiral perdedora de Scott Fitzgerald, reírme a carcajada limpia con los cómics de  Peter Bagge, vivir entre líneas el auge y caída de todo un movimiento cultural (porque éste sí que merece ese calificativo) como fue el punk o llorar a moco tendido con la breve antología biográfica que se sacó de la manga Eels sin venir a cuento.

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