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El día que volvamos a correr

El día que volvamos a correr seguramente en lo que menos piense será en ponerme a correr sino en las ganas que tengo de ver como todo en mi vida vuelve a tomar un cariz de cierta normalidad.

Significará que lo peor, a nivel de coste humano, quedó ya definitivamente atrás. Y esa será la mayor felicidad, más que calzarme unas bambas, os lo aseguro. Significará también que podré mostrar mi agradecimiento a aquellas personas (amigos, familia y nuevas adquisiciones al círculo de íntimos) que estas últimas semanas me han demostrado que la cercanía no está reñida con la distancia. Poder dar un abrazo, estrechar una mano o compartir una sonrisa de complicidad… si el cambio de hábitos no nos impone ser tan sanitariamente restrictivos como para modificar para siempre nuestra forma de demostrar afecto.

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Hasta qué punto afecta el confinamiento a los corredores

Es difícil escribir y, en el momento en que te decides, hacerlo con el tono adecuado cuando toca vivir tan de cerca una situación excepcional por su dramatismo e incerteza como es el de la expansión del coronavirus (de ahí que el quedarse en casa sea para mí la mejor forma de ser útil). Es difícil hacerlo sin parecer que estás aprovechando esa situación por puro interés (allá cada uno con su conciencia). Es, también, difícil crear algo con el ánimo sencillo de entretener (y hacer que el confinamiento sea un poco más pasable) cuando tocas un tema paralelo a ese drama y cuando, en el caso que nos ocupa (correr), las posiciones son tan dispares.

Pero también es cierto que una de las mejores formas de afrontar estos compases es sabiendo reírse de uno mismo y destensar en momentos de cierta ansiedad. De eso trata esta entrada. Espero que la disfrutéis y, en caso de que consiga el objetivo contrario, pues ya os pido disculpas.  Allá vamos.

Runners VS Confinamiento

Solo hace falta que te digan que nos puedes hacer algo para que te entren unas ganas loquísimas de ponerte a ello.  No vengas más tarde de las dos (y un rabo (yo llego a las 2 y cinco). No te líes con megan@que te llevarás un chasco (es egoista e imbécil pero hay algo de eso que me pone). No toques el botón rojo (como si fuera una bomba nuclear, anda que va a pasar algo… Hostiaaaaaa).

Pues en esa estamos los corredores. Solo hace falta que nos digan que no podemos salir a correr y que nos toca confinar como para que de repente desde el minuto cero ya nos den unas ganas de entrenarnos como si no hubiese un mañana (cruzo dedos), que eso no quita el papel totalmente sanador a nivel físico y psicológico que tiene el salir a trotar.

Y es que, a ver, dónde se ha visto que un runner que vuelve más en forma después de un parón prolongado de inactividad. Pues el Covid19 ha conseguido obrar el milagro do por estar en forma estos días de confinamiento. Sigue leyendo

Plantar un árbol, tener un hijo, escribir un libro o correr un maratón ¿Qué te sale más a cuenta?

Se supone que en la vida hay que hacer tres cosas si lo que te gusta es complicártela tontamente (con lo fácil que es cumplir con la Santísima Trinidad del ir de birras, reírte de tus propias desgracias y ser un poco más empático y menos hijo de puta con el prójimo). A saber: escribir un libroplantar un árbol y tener un hijo.

Pero eso era antes, antes de que a la gente le diese por calzarse unas bambas para convertirlo en un estilo de vida como si fueras mormón o mercenario de guerra. Y es justo esa especie de hazmecasito que son los runners que han forzado esta sentencia new age para poder dar cabida a otra misión vital más: el correr un maratón.

¿Pero realmente desafiar la distancia de Filípedes merece estar a la altura de tan altas cotas vitales, de este selecto club platino de Major experiences como a las que se quiere asemejar? Tranquilo, que aquí estoy para darle respuesta haciendo un análisis pormenorizado de los pros y los contras de cada envite.  Datos fidedignos de alguien que no tiene ni puta idea, aviso. Sigue leyendo

Deja que hoy celebre mi maratón (y ya mañana me lo echas en cara)

Explícame cuál es el motivo por el que, con sencillamente correr poco más de 42 km, hoy me sienta como si hubiera finiquitado con mis propias manos la construcción de la Sagrada Familia, hubiera redactado el discurso que sellará el acuerdo de paz a nivel global y hubiera resuelto el jeroglífico de programar el mando a distancia sin acabar éste incrustado por pura frustración en la pantalla del televisor.

Explícame por qué me siento elevado por encima del resto por algo que han completado de igual manera más de 20 millones en la historia y un tercio de la población europea.  Sigue leyendo

Diccionario de lengua runner para personas normales

Es un drama colectivo, pero casi nunca compartido. Una inquietud que, ya sea por vergüenza o por temor a la incomprensión, pocas veces sale a la luz. Y ya es hora de dar un paso al frente.

¿Cómo demonios puede una persona normal -o sea, aquélla cuyo principal drama es quedarse sin datos en el móvil para poner LOL en los post de los colegas, fisgonear las fotos de su ex y responder con tuits furiosos a famosos como si creyesen que le fuesen a hacer caso- entender lo que dice un runner con el que le toca compartir o casa, o cama, o curro o birras?

Lo sé, es una misión que parece irremediablemente condenada al fracaso, principalmente por dos motivos: El primero es porque no paran NUNCA de hablar de lo mismo (ni que fuera fútbol, coñe…);  y segundo, porque interesa una mierda lo que digan. Aun así, Blogmaldito no rehuye su responsabilidad social con este colectivo oprimido por vestir con mallas indecorosas y acaba de editar el primer tomo del diccionario de lengua runner para personas normales.  Sigue leyendo

Guía runner para redactar tu bio en Twitter o Instagram en 8 sencillos pasos

Es una de las primeras conclusiones que resultan de calzarse unas bambas: la mayoría al final tienen la lengua más viva que las piernas. Si ya es un problema que los días duren solo 24 horas para explicar todas tus aventuras atléticas, imagínate tener que hacer una declaración de intenciones en muy pocos carácteres y encima tener que cumplir con esas convenciones sociales que se han convertido en una rémora insufrible para cualquier corredor de pro: tener familia, currar para vivir, parecer gracioso a la par que interesante (en resumidas cuentas: lanzar el anzuelo para poder follar)… Tranquilo, no estás solo. A ti, que llevas peleándote con el twitter de los cojones más que Mario Casas intentando memorizar un guión con más de tres frases completas, va dedicada esta guía.

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Si me quieres, no me regales un libro de running

Es cierto, tengo un problema ya que… odio los libros. Bueno, no reniego precisamente de los libros sino todo lo que los rodea: personas normales que se vuelven en insufribles ególatras al poner tinta en blanco, lectores amargados que solo consumen literatura para echárselo a la cara al resto de mortales en vez de disfrutarla por si mismos, y una industria que esconde sus miserias y ata en corto subvenciones y beneficios apoyándose en un adjetivo al que hace mucho que le usurparon todo su sentido: cultural. Sigue leyendo