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Yo ya me hice maratoniano el día que me até las bambas

Pocas veces os voy a pedir tanto esfuerzo para unas pocas líneas que no tienen más trascendencia que las de pasar el rato hablando sobre el mismo tema de siempre, pero os pido encarecidamente que antes de saltar de párrafo os paséis por estas entradas para que sepáis que significan las carreras populares, las maratones en general y la Marató de Barcelona en concreto para el que esto escribe.

Ah! En esta entrada no entro a debate con el tema del nombre de las maratones virtuales, eso es un tema emocional totalmente respetable (faltaría más), y no le veo más recorrido que el de aceptar que se exprese ese sentimiento. 

UNA CARRERA POPULAR NO ES SOLO PONERSE UN DORSAL

EL KM 1 DE LA MARATÓN

NO HAS ESTADO EN UNA MARATÓ DE BARCELONA SI…

¿Listo? Pues vamos al lío.

Os confesaré una cosa: sufrí más en mi primera ‘Maratón’ de El Corte Inglés (una masiva y entrañable carrera popular que no llega a los 11 km; eso sí, os invito a los que no habéis tenido la oportunidad a que algún día probéis la subida al Estadi…) que en mi primera Marató de Barcelona. 

Os relataré otra: tuve más agujetas la semana posterior al confinamiento (encerrado en un piso de 40 metros cuadrados) que la que vino tras cualquier maratón o ultra que haya finalizado.

Allá va una tercera: me encanta vivir la experiencia de lo que significa una maratón en todas sus fases: el planteamiento, los sacrificios, las ilusiones, los temores, la compañía… Es una prueba que me encanta porque al final el resultado duele pero con el tiempo te das cuenta que es lo de menos, lo importante siempre será el camino. Y eso no quita que haya vivido sensaciones similares en otro tipo de distancias y pruebas.

Y una cuarta: a mí no me cambió la vida una maratón, me la cambió correr ya desde bien crío. Las pocas virtudes y muchas taras que tengo no me las achaquéis a mí, culpar a ese montón de bambas que reinan en el desorden de mi armario. Pero soy consciente que hay una mayor: correr no me hace mejor persona, lo hace mis acciones del día a día conmigo y con el resto de la gente. Los valores no me los da correr, ya me los traigo de casa. 

Es por eso que a mí denominarme maratoniano me llena más bien poco si esto significa trazar una línea divisoria entre corredores por el mérito de completar una distancia concreta que se quiere vender como punto y final del reto deportivo (por poner un ejemplo: yo tengo más pesadillas con el 400 en pista que con la distancia de Filípides) y, siendo realistas, no es más que otro punto y seguido al que muchos nos encanta repetir (me declaro reincidente y a veces con poca cabeza). Correr no cristaliza cuando uno finaliza un maratón y ya me puedo morir tranquilo, lo hace cuando cuando uno prueba temeroso a dar la primera zancada y acaba con la última con la que te llevas millones de recuerdos de las experiencias vividas.

Es por eso que prefiero que me llamen corredor porque me iguala con todos los que lo intentan, con todos los que una vez estuvieron delante de mí y ahora por el paso del tiempo van unos metros por detrás (y al contrario, por todos los que me han adelantado sin miramientos por las bandas), porque me hace empatizar con el que sufre una lesión y con el que tiene el día malo justo cuando tocaba dar el callo, porque me hace sentir totalmente identificado con el que se sumerge en los pavores de las primeras veces y también me hace valorar, aplaudir y poner al mismo o mayor nivel sus objetivos conseguidos o intentados.

Y porque, y esto es importante, me permite asumir que toda la gente, toda, de los más veteranos o los más noveles, tiene el mismo potencial para hacer un juicio crítico,  y eso evita que caiga en el error común de infravalorar la capacidad analítica de los recién llegados. Lo de la superioridad moral que hace que llegues a asumir erróneamente que si no has hecho una maratón de  verdad no serás capaz de diferenciar entre una virtual y una presencial. Y estoy completamente seguro (algún caso habrá, cierto, los menos), que la gran mayoría de los que la van a hacer por etapas, saben que no están haciendo una maratón propiamente dicha sino que participan en un evento de esa maratón que da la oportunidad a todo el mundo de correr a su gusto. Lo triste es tener que remarcarlo con Ya sé que no es una maratón… para evitar cualquier tipo de trifulcas por si alguien se sintiera ofendido.

Es por eso que estos días de carreras y maratones virtuales alrededor del globo (que es lo poco que nos dejan hacer en este desastroso 2020; no me entusiasma, salvo contadas ocasiones -solidarias y las que no son sacacuartos- no suelo participar en ellas y espero que en el futuro no se coma a las carreras presenciales, pero valoro que sirva como placebo y motive a salir a correr) pongo sobre la mesa una realidad: para mí tienen un grandísimo mérito alguien que recorre la distancia de una maratón por etapas en una semana si nunca había acometido tantos km en ese lapso de tiempo, o alguien que sale de una lesión crónica que le apartó de correr años y la completa en unos días, o aquellos que aprovecharán esta prueba virtual como motivación extra para salir varias veces a la calle a correr en una época de casi ninguna carrera y ánimos decaídos por la pandemia (entre ellos muchos maratonianos), o los que se han apuntado por haber sido parte de la Marató sin necesidad de dorsal, o sea sirviendo las botellas que hemos bebido en carrera, guardando la mochila, animando en las calles, soportándonos en casa nuestras neuras pre maratonianas. No solo los que llevamos dorsal somos parte de un Maratón, hay gente que se ha levantado horas antes que nosotros para ponernos la alfombra roja y a veces se nos olvida.

Todos ellos tienen mucho más mérito en sus cometidos que mi maratón de una sola tirada que hice hace unos días, una distancia que ya estoy acostumbrado a cubrir en entrenos o quedadas con amigos. Y es que lo que realmente dicta la diferencia para valorar el mérito de cada reto es el punto de partida de cada persona. Es por eso que es tan sano como necesario valorar y aplaudir a las personas que dan el primer paso porque ese es realmente el reto más difícil al que TODOS nos hemos enfrentado.

Si este tipo de eventos consigue que en un futuro alguno de los que lo han probado intente dar el salto a una maratón de las de verdad y que así pueda destapar por si mismo el tarro de las esencias, ya habrá sido un favor enorme para las maratones de siempre. Pero ya con solo motivar a la gente a salir a la calle a correr es algo que al menos a mí me alegra muchísimo. 

Y aquél que tiene en su currículo una o varias maratones de las de siempre no tendría por qué sentir verse amenazado o pensar que se está echando por tierra sus logros porque otra gente participe en una carrera virtual de esa distancia y la complete como mejor le convenga. El valor lo sabe uno mismo, no necesita que nadie más se lo reconozca a no ser que no estés del todo seguro de ello.

Adoro todo lo que significa la Maratón tanto a nivel físico como emocional, pero también es necesario que los maratonianos bajemos de la nube y valoremos el sacrificio que hace cada uno dentro de su pequeño mundo. Porque si lo de ser maratoniano es un tema de indicar donde se encuentra el mayor sacrificio siempre diré que yo ya fui maratoniano el día que me até las bambas. 

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