Hay un terror básico en el maratón en forma de enemigo invisible: el muro. Esa pájara monumental (con base fisiológica) que muchos reciben como un sopapo al ambicionar mucho más de lo que podían acaparar. No es que haya un remedio infalible contra él pero sí unas pautas que te pueden servir para intentar esquivarlo o, si te has estampado de pleno, lidiarlo de la mejor manera posible. El muro no existe, son los padres.
