Que si un peaje en una montaña para sacar tajada del chollo del running que obliga a un desmentido por parte del propio Ayuntamiento. Que si quieren multarnos por ejercer nuestro inviolable derecho constitucional a correr cuando eso solo se extrae tras una lectura torticera e interesada de un texto con mayores peligros para la vida social que el hecho de que un pavo se calce las bambas. Y ahora, que si nos quieren imponer un límite de velocidad por correr más rápido de lo humanamente posible al que debe responder una DGT casi de inmediato abochornada al ver como alguien es capaz de retorcer sus comunicados con más mala fe que un tertuliano a cobro de su partido político.
Ya sea por A o por B, los corredores somos personajes torturados por una sociedad que nos ve como una amenaza más grande que el líder de Al Qaeda haciendo edredoning de Gran Hermano VIP en horario infantil infectado de ébola y tarareando una canción de Pablo Alborán.
Haceros, hacednos, un favor… No más drama…
Y es que por muy increíble que parezca el corredor popular no es el centro del Universo. Lo sé, es un defecto, una alteración del ADN que nos hace totalmente distintos al resto de los seres humanos, algo que ellos son incapaces de aceptar y, por eso, llegan estos ataques en contra de nuestra casta. El ombliguismo como acto de fe.
Pero deja que te cuente un secreto: por norma general, nuestras evoluciones atléticas solo les interesa al núcleo duro que nos rodea y están metidos en el mundillo, y en un buen montón de casos por una cuestión de interés (si ahora la sueltas tú luego tengo el derecho de darte la chapa) que por una motivación especial por escuchar tus historias. Al resto se la pela.
Porque en un momento del texto salga el término ‘límite de velocidad’ no significa que el foco esté centrado en el corredor popular (lo más lógico, lo que al final ha resultado ser, era que se centrase en los vehículos llevados a mano o los tirados por tracción animal). Es más, la mayoría de veces ese matiz interpretativo se incluye para darnos el barniz de tragedia que tanto nos gusta, para generar polémica con la gente que tiene la mecha muy corta. Y la mayoría de veces ese supuesto ataque es generado desde dentro del mundillo porque saben que en el 99% de los casos nos quedamos siempre con el titular y nunca sacamos algo de tiempo para leernos el texto y desarrollarlo por nosotros mismos.
Ah, y para eso antes deberíamos cumplir una premisa: ser veloces… Y siento echar por tierra ilusiones pero… la mayoría nos arrastramos por las calles y somos vilmente humillados por los que realmente tienen prisa: críos con ansias de regalos, gente que ve como pierde el bus y acelera más rápido que Usain Bolt, borrachos presuntamente graciosos que se ponen a imitarte sin aparente esfuerzo…
Así que no te creas a los alarmistas porque o a) realmente no saben lo que dicen y viven en una edad del pavo perenne, o b) tienen un interés especial en que se relacione un tema que genera polémica para sacar rédito personal. Y es que muchas veces lo que se esconde tras lo que algunos tachamos como maldad es sencillamente incompetencia. Lo de redactar como el culo es un concepto transversal que va de los aficionados a los organismos oficiales sin distinción.
Tú corre, que la multa y las penas de prisión ya te llegarán en forma de lesiones, inscripciones a precio de hipoteca o un «¿me acompañas al The Color Run?».
