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Correr, revolcarse, huir

CORRER HUIR

Me encanta revolcarme en el barro, perder el tiempo y no sacar ningún provecho de ello. Atender ese instinto animal de no pensar, de actuar empujado por el impulso, de no tener que rendir cuentas ante ese monstruo, creado única y exclusivamente por nosotros, que se esconde tras la alarma del reloj y que nos presenta como un manojo de inseguridades en una sociedad ultracompetitiva.

La misma que nos hace caer en la trampa de vestirnos con el traje de rallas verticales que nos convierte en sociables y aptos para ser exprimidos, y vivir encerrado entre los barrotes del confort inane de hacer lo correcto… Así no avanzamos… y correr, aunque cueste creerlo, es avanzar.

Pues bien, lo siento, me niego. Que-se-lo-que-den-e-llos.

Frena. respira y no hagas caso a lo que diga la neolengua que limita el sentido de las palabras y las voluntades. Desde aquí reivindico un acto tan desacreditado como valiente como es el derecho a huir.

– Huye de los días de mierda con una zancada.

– Huye del confort de hacer siempre lo correcto, tropezar es la mayor aventura.

– Huye de cualquiera que te venda pócimas mágicas para correr más.

– Huye de los planes de entrenamiento si estos se convierten en trabajos forzados.

– Huye de cualquiera que te de consejos y en vez de mirarte a la cara lo hace en dirección a tu bolsillo.

– Huye de la irrealidad del día a día contándote verdades a ritmo de crucero.

– Huye de la obligación de competir porque así lo estipula el entorno en el que has crecido.

– Huye de la victoria establecida por decreto, celebra el fracaso de intentarlo a tu manera.

– Huye de cualquiera que te presione en hacer las cosas de un modo ‘correcto’.

– Huye de aquellos que te dicen que no debes simplemente porque ellos no lo han intentado antes.

– Huye del crono cuando te vuelves en esclavo de sus órdenes y él en amo de tus pasos.

– Huye de ese trazado que se ha convertido en rutina, viva la anarquía de lo desconocido.

– Huye de esas décimas favorables que son consecuencia de traicionar tus principios.

– Huye de los lemas corporativos de todo a cien que se cobran a todo a mil.

– Huye de la seguridad y piérdete en lo imprevisible que es correr sin un plan concreto.

– Huye de la perfección de la técnica de carrera, reivindica ir por la vida con un paso diferente.

– Huye de todo aquel que se llena la boca con términos de libertad y límites y te lo presenta en un plan cerrado, quirúrgico y listo para la producción en masa.

– Huye de las verdades absolutas del mundo del running, revuélcate en el barro de la duda.

– Y, por supuesto, huye de todo lo que te he dicho.

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