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El noble arte del recortador. I’m so cut-e.

Rosie Ruiz, best recorter ever

1ª parte: Patología

Porque el camino más corto para llegar a la meta no es la recta sino la mentira, hoy con todos vosotros: el recortador.

La protagonista de la foto es Rosie Ruiz, una de las más celebres recortadoras de todos los tiempos. RESPECT.

Preguntas frecuentes

¿Un recortador nace o se hace?

Varios estudios procedentes de instituciones de categoría mundial como la Universidad Ronald McDonald o la Escuela de Estudios Inferiores Don Ignacio Wert  han descartado cualquier patrón genético, más que nada porque con los recortes en Sanidad (los duros, los que joden de verdad) no había fondos para cotejar el ADN entre congéneres. Pero sí que se percibe una mímesis de integración social. Del mismo modo que los hijos imitan a los padres, los corredores populares toman como referencia la actitud de los que van por delante, la hacen suya e inconscientemente se vuelven ellos en guías de cualquier tipo de fechorías al recorrido establecido. Tras el primer recorte es muy difícil desengancharse.

¿Por qué existe?

Es una patología de muy difícil explicación científica, pero como eso nunca ha sido un problema para los periodistas ya se ha inventado una teoría para que los noticiarios cuelen su píldora informativa (una, tampoco es cuestión de saturar al televidente) entre el enésimo vídeo de youtube y el pase de modelos ligeras de ropa. Aunque los expertos no se ponen de acuerdo del todo sí corroboran la existencia de una serie de síntomas palpables: en el lóbulo occipital se genera un patrón de ansiedad que se ha venido a denominar vulgarmente como yonquismo de la recta. También se aprecian ciertas anomalías (en cristiano: cortocircuito mental) en el lóbulo temporal que viene determinada por la incapacidad de cuadrar expectativas (esta marca es la que quiero) con realidad (esta marca es la que puedo).

Al margen de los estudios médicos se ha ido cimentando una lectura sociológica acerca de este conflicto que trae por la calle de la amargura a los corredores honrados y es aquella de que al recortador/a realmente se la pela las convenciones establecidas en el ámbito del deporte popular y actúan como lo harían en su vida diaria, o sea, pasándose por el forro cualquier tipo de convivencia cívica y respeto a la igualdad de oportunidades. Lamentablemente esta última es la que tiene más quorum en los guateques pos operatorios.

¿Tiene solución?

Se está avanzando en la gestación de un fármaco pero tiene por ahora dos grandes muros que franquear: el primero es que sólo será comercializable cuando a un laboratorio farmacéutico sea obsequiado con la patente a nivel mundial y éste lo agradezca con un fulgente puesto de asesor al político que se la ha concedido. El segundo es el nombre con el que se ha querido bautizar al fármaco: EPOrtista, Clembuterol popular o Nandrorruning son apelativos que están creando más reticencias de las que en un primer momento se esperaba.

Dejando de lado los potingues químicos, hace pocos días se hizo público un estudio científico dirigido a corregir las acciones que convierten a un corredor popular en un potencial recortador.  El experimento consistía en introducir a un grupo de macacos en una habitación tan estrecha que no podían colocarse ni tan siquiera en paralelo y comprobar sus reacciones ante un espacio sin posibilidades de efectuar recorte alguno. El resultado es que acabaron fornicando entre ellos los 24 meses que duró el estudio. Los científicos que estaban detrás de este asombroso descubrimiento (cuatro eminentes profesores con sueldo Neymar que nunca aparecieron por las instalaciones, tres residentes con contrato minijob de 23 horas diarias y medio centenar de becarios pagados con desprecio, chistes malos y ni un puto duro) dieron por bueno las conclusiones el primer día y dedicaron el resto del tiempo a experimentar entre ellos la actitud descubierta en los simios. Desgraciadamente, una visita inoportuna del Comité encargado de evaluar a los futuros Premio Nobel justo cuando volaban por el laboratorio apéndices en formato látex, manubrios carnales y ropa interior rasgada no tuvo la misma impresión, y por causas que aún no llegamos a entender el estudio fue declarado nulo.

Y desde esa vertiente con tan mala prensa (pero geniales resultados) que es la ciencia empírica, su versión runner, que no es otra cosa que la sabiduría popular del corredor experimentado, tiene una solución que no agradará a los más vagos: trabajo duro. En cristiano: entrenamiento, sacrificio y valores. Al final no es tan difícil evitar caer en las mieles del recorte si te gusta el noble arte de… correr.

SEGUNDA PARTE: TIPOLOGÍA

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