Esa sensación de vacío sólo semejante a la presencia de los títulos de crédito cuando finaliza el último capítulo de tu serie favorita o esa rabia mal disimulada porque quizá no han salido las cosas tal y como te hubiera gustado el día más determinante de toda tu carrera deportiva (como se te escape un de toda tu vida acude a un psiquiatra). Por fin hemos cubierto una etapa y ahora nos damos cuenta de que no tenemos plan vital para los próximos meses. Ya te has comido el mundo, y entonces ¿ahora qué?
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¿Eres consciente de que puede que tengas familia…
Aunque a ti te parezca que han estado tras la barrera contemplando entre pasivos y cheerleaders tus evoluciones atléticas ellos han sufrido tanto como tú ese periplo maratoniano. Hacer de psicólogo para un paciente con más dudas existenciales que Woody Allen en una guardería, de cocinero para un comensal más tocapelotas que Chicote en un Kebab del Raval, de asistente para un cliente más quisquilloso que un pijiniño de Pedralbes dentro de un Mercadona; todo eso desgasta tanto o más que enfrentarse a la distancia de Filípides. Se merecen un trato compensatorio a la altura de su sacrificio, y eso empieza por olvidarte un poco de todo lo que tenga que ver con los grandes retos y dedicarles todo el tiempo necesario a satisfacer sus preferencias sociales. Primer paso: no se habla de running.
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… y también vida social?
Bien cierto es que para conseguir completar nuestra aventura hemos tenido que decir No a un montón de dulces: salir de fiesta, ponerse borrico a base de cebada, sacarte en grúa tras un buen banquete hipercalórico… en definitiva, disfrutar de otros actos sociales propios del fin de semana. Llega el buen tiempo, llega el desmadre. Al menos te mereces celebrarlo a lo grande y recuperar (aunque no de golpe, hay que evitar acabar como Las Grecas o Kate Moss) todos esos «es que…no puedo» que has tenido que vocalizar estos últimos meses.
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El primer acto social tras un maratón es… que lo sepan
Y eso significa crónicas a tutiplen, fotos del dorsal y la medalla pero, especialmente, comenzar a volver a correr con la camiseta de la Marató puesta. Ese primer entreno cruzándote con otros corredores que también optarán por calzársela viene a ser lo mismo que el saludo gremial de los moteros: un guiño convencido de «eh, tú y yo sabemos de lo que hablamos, somos una raza especial». ¿Postureo? Por supuesto, y muy orgulloso.
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El síndrome ‘voy a probar otra’
Clásico, ya se te han comenzado a pasar los dolores y si la mayoría de recuerdos han sido claramente positivos (suelen ser aquellos que no pasan por ponerte una vía intravenosa a mitad de carrera) lo primero que se te viene a la cabeza es repetir lo antes posible (si puede ser la semana que viene), aquí, allá o en la China Popular (tras zamparte 42 km las distancias están mitificadas).
El segundo caso que nos lleva al otro extremo, al «me ha salido una carrera de mierda, que nada tiene que ver con lo que mi orgullo merece». Tras aterrorizar a tus allegados (pasa al punto 1) con un batallón de preguntas retóricas y toda tu artillería pesada desplegada en encontrar la más rimbombante excusa para esterilizar el término fracaso ya estás buscando una nueva oportunidad lo antes posible para demostrar de que pasta estás realmente hecho.
¿Te acuerdas de todas esas promesas que has hecho con cuatro cervezas atentando tu hígado? Pues esto es algo parecido: estamos borrachos de orgullo y satisfacción. Esas miles de promesas que a la mañana siguiente se te han olvidado en paralelo a la punción de la resaca, el «no me perdería por nada del mundo esa obra de teatro en la que participas», el «no hay huevos a tirarse en paracaídas», se nos puede volver totalmente en contra nuestra. Deja que pase un tiempo respetable antes de ponerte otro objetivo maratoniano.
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¿Correr sin competir? ¡venga ya!
¿Y por qué no? Sacudirse toda esa presión que hemos voluntariamente cargado a cuestas durante varios meses, salir sin ningún objetivo más allá de disfrutar del trayecto evitando ese giro mecánico hacia nuestro reloj, romper la rutina del entreno/ensayo/carrera, desterrar un poco esa premisa que siempre hay que llegar más lejos y más rápido…. No suena del todo mal (aunque ahora no lo contemples así porque vas drogado de endorfinas). A veces, solo a veces, te lo pasas mejor haciendo eses sin ton ni son que clavando la línea recta. Se le llama armonía (y Sosaku lo cuenta aquí perfectamente).
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Aprovecha el estado de forma
Primero recupera a tus allegados, pero pasado un tiempo prudencial (que sus hobbies también pueden ser igual de destrozahogares como el tuyo) y si aún quieres mantenerte activo (a pesar de la oferta que te ofrezco justo en el punto de arriba) dedícate a lo que mejor sabes hacer (viciar a la play, ingerir pintas de cerveza como si no hubiera un mañana, echar mierda de tus compañeros de curro, pegar patadas por la espalda a mujeres indefensas y debatir sobre política dejando claro que tú eres el único íntegro en esta perra sociedad): correr como un trotón mastín pensando que eres una auténtica gacela.
Esa tortura que te has metido en las piernas desde tiempos inmemoriales y que dieron como resultado tu asalto al maratón dentro de un mes serán tu mejor carta de presentación para nuevos retos. Se le llama sobrecompensación. Con la primavera comienzan a florecer todo un tropel de carreras de corta distancia (más calor, menos necesidad de tomar riesgos en largos esfuerzos y que se eternicen en el tiempo) donde puedes demostrar que todo ese sacrificio ha valido la pena chuleando de crono más destrozado que la sesera de Courtney Love.
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DesTierra el asfalto
Con el calor la cabra tira para el monte y muchos corredores hacen tres cuartos de lo mismo. A partir de ahora las pruebas traileras surgen como hongos y no hace falta llevarse el equipo de escalada a los Pirineos o el dentro de nada añrado Guadarrama: más cerca de lo que crees tenemos un buen muestrario de trails más que dignos y en los que si quieres puedes sufrir de lo lindo… y desintoxicarte del asfalto (que han sido muchos meses retozando con la negra y tanto empacho acaba por deteriorar las relaciones, más cuando aparecen voluptuosas alternativas; date un respiro).

